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Oraciones Carlos  

Treintena a San José

La devoción a San José aumenta en estos días de Navidad donde la Sagrada Familia es el símbolo de unidad y sacrificio bajo la voluntad de Dios, nuestro Señor. Ello nos inspira en nuestros hogares para poder seguir su ejemplo de santidad en este mundo y es por ello que pedimos ayuda a San José para que interceda por nosotros ante el Padre celestial. Veamos qué es la Treintena a San José y cómo se reza esta oración de 30 días.

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Información sobre la Treintena a San José

Una de las devociones más extendidas en nuestra comunidad católica se realizan ante el padre adoptivo de nuestro Señor Jesucristo en la tierra. Esta treintena u oración a San José de los 30 días, se realiza en conmemoración a los 30 años que convivió San José en este mundo con la Virgen María y nuestro Señor Jesús. No es una oración que sea tradicional en nuestra Iglesia, pues es prácticamente nueva. Su origen se remonta a Estados Unidos y poco a poco ha ido “calando” en la sociedad europea. No obstante, no hay razón teológica que contradiga nuestra Tradición y doctrina. Es un rezo a uno de los primeros santos de la Iglesia Católica, como es San José, para que interceda por nosotros, como se reza a cualquier santo de nuestra Iglesia, por ejemplo a San Peregrino, por los enfermos de cáncer. No se hallará en esta oración ni un atisbo de superstición o prácticas y peticiones impropias de un católico. Toda ella está bajo el dogma católico de nuestra Santa Iglesia. Es una novena a San José pero de treinta días, para promover la veneración a nuestro santo querido y nuestra confianza en el Señor.

Beneficios de la Treintena a San José u oración de los 30 días

Estos son los beneficios espirituales que promueve la Treintena a San José:

  • Santidad Individual

    Promueve la santidad individual, así como San José fue santo en la tierra como lo es en el cielo. Fue hombre como nosotros y alcanzó una relación con Dios tan grande que fue Su padre en la tierra. Aumenta nuestra comprensión sobre nuestro camino terrenal, el cual es un tránsito donde tenemos que ser hospitalarios y generosos con los demás transeúntes y nos prepara para la vida celestial.

  • Aumenta la Fe

    Entrar a conocer el misterio de la Sagrada Familia a través de la oración y de la devoción nos crea una sensación de recogimiento y de amor especiales. Esta treintena a San José nos aporta fe vivísima de ternura sensible. Es el alma la que en todas sus fases, pide, suplica, gime y llora, conmueve y triunfa de las resistencias del mismo Dios.

Preparación de la oración de 30 días a San José

Récese esta Treintena a San José frente a una capilla con su imagen. Es también posible rezarla en el hogar frente a una imagen suya. La imagen simplemente lo que hará será concentrarnos mejor en él y poder aumentar nuestra devoción en el rezo. Esta oración bien como indica su nombre, deberá realizarse durante 30 días consecutivos, en los que se recomienda también asistir a las liturgias, especialmente los miércoles, y recibir el sacramento de la Comunión de nuestro Señor.

Oración de la Treintena a San José

Para obtener alguna gracia extraordinaria

¡Oh amabilísimo Patriarca San José! Desde el abismo de mi pequeñez y miseria os contemplo con emoción y alegría de mi alma en vuestro trono del cielo, como gloria y gozo de los Bienaventurados, pero también como padre de los huérfanos en la tierra, consolador de los tristes, amparador de los desvalidos, auxiliador de los Ángeles y Santos ante el trono de Dios, de vuestro Jesús y de vuestra santa Esposa. Por eso yo pobre, desvalido, triste y necesitado. a Vos dirijo hoy y siempre mis lágrimas y penas, mis ruegos y clamores del alma, mis arrepentimientos y mis esperanzas: y hoy especialmente os traigo ante vuestro altar y vuestra imagen una pena que consoléis, un mal que remediéis, una desgracia que impidáis, una necesidad que socorráis, una gracia que obtengáis para mí y para mis seres queridos.

Y para conmoveros y obligaros a oírme y conseguírmelo, os lo pediré y demandaré durante treinta días continuos, en reverencia a los treinta años, que vivisteis en la tierra con Jesús y María: y os ío pediré, urgente, y confiadamente, invocando todos los títulos que tenéis para compadeceros de mí, y todos los motivos que tengo para esperar que no dilataréis el oír mi petición, y remediar mi necesidad; siendo tan cierta mi fe en vuestra bondad y poder, que al sentirla os sentiréis también obligado a obtener y darme más aún de lo que os pido y deseo.

1) Os lo pido por la bondad divina que obligó al Verbo Eterno a encarnarse y nacer en la pobre naturaleza humana, como Hijo de Dios, Dios Hombre y Dios del hombre.

2) Os lo suplico por vuestra ansiedad inmensa al sentiros obligado a abandonar a vuestra santa Esposa.

3) Os lo ruego por vuestra resignación dolorosísima para buscar un establo y un pesebre para palacio y cuna de Dios nacido entre los hombres.

4) Os imploro por la dolorosa y humillante Circuncisión de vuestro Jesús, y por el santo, glorioso y dulcísimo nombre que le impusisteis por orden del Eterno.

5) Os lo demando por vuestro sobresalto al oír del Ángel la muerte decretada contra vuestro Hijo Dios, por vuestra obedientísima huida a Egipto, por las penalidades y peligros del camino, por la pobreza extrema del destierro y por vuestras ansiedades al volver de Egipto a Nazaret.

6) Os lo pido por vuestra aflicción dolorosísima de tres días, al perder a Vuestro Hijo, y por vuestra consolación suavísima al encontrarle en el templo, y por vuestra felicidad inefable de los treinta años que tuvisteis en Nazaret con Jesús y María sujetos a vuestra autoridad y providencia.

7) Os io ruego y espero por el heroico sacrificio, con que ofrecisteis la víctima de vuestro Jesús al Dios Eterno para la cruz y para la muerte por nuestros pecados y nuestra redención.

8) Os lo demando por la dolorosa previsión que os hacía todos los días contemplar aquellas manos infantiles, taladradas después en la cruz por agudos clavos; aquella cabeza que se reclinaba dulcísimamente sobre vuestro pecho, coronada de espinas; aquel cuerpo divino que estrechabais contra vuestro corazón, desnudo, ensangrentado y extendido sobre los brazos de la Cruz, aquel último momento en que le veíais expirar y morir.

9) Os lo pido por vuestro dulcísimo tránsito de esta vida en los brazos de Jesús y María y vuestra entrada en el Limbo de los Justos y al fin en el cielo.

10) Os lo suplico por vuestro gozo y vuestra gloria, cuando contemplasteis la Resurrección de vuestro Jesús, su subida y entrada en los cielos y su trono de Rey inmortal de los Siglos.

11) Os lo demando por vuestra dicha inefable cuando visteis salir del sepulcro a vuestra santísima esposa resucitada, y ser subida a los cielos por los Ángeles y coronada por el Eterno, y entronizada en un solio junto al vuestro.

¡Oh mi buen Patriarca San José! Yo, inspirado en las enseñanzas de la Iglesia Santa y de sus Doctores y Teólogos, y en el sentido universal del pueblo cristiano, siento en mí una fuerza misteriosa, que me alienta y obliga a pediros y suplicaros y esperar me obtengáis de Dios la grande y extraordinaria gracia que voy a poner ante vuestra imagen y ante vuestro trono de bondad y poder en el cielo. Aquí, levantando el corazón a lo alto, se le pedirá al Santo, con amorosa instancia la gracia que se desea. Obtenedme también para los míos y los que me han pedido ruegue por ellos, todo cuanto desean y le es conveniente. San José rogad por nosotros: Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.

ORACION: Oh Dios, que con inefable providencia te dignaste escoger al bienaventurado José por Esposo de tu Madre Santísima; concédenos que, pues le veneramos como protector en la tierra, merezcamos tenerle como intercesor en los cielos. Oh Dios, que vives y reinas en los siglos de los siglos. Amén.

(Con licencia Eclesiástica)

Oración a San José

A vos recurrimos en nuestra tribulación, bienaventurado José; y después de haber implorado el auxilio de vuestra Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente vuestro Patrocinio. Por el afecto que os unió a la Virgen Inmaculada, Madre de Dios; por el amor paternal que profesasteis al Niño-Jesús, os suplicamos que volváis benigno los ojos a la herencia que Jesucristo conquistó con su Sangre, y que nos socorráis con vuestro poder en nuestras necesidades. Proteged, prudentísimo Custodio de la Divina Familia, el linaje escogido de Jesucristo; preservadnos Padre amantísimo, de todo contagio de error y corrupción, sednos propicio y asistidnos desde el Cielo, poderosísimo Protector nuestro, en el combate que al presente libramos contra el poder de las tinieblas. Y del mismo modo que, en otra ocasión, librasteis del peligro de la muerte al Niño-Jesús, defended ahora a la Santa Iglesia de Dios, contra las asechanzas de sus enemigos y contra toda adversidad. Amparad a cada uno de nosotros con vuestro perpetuo patrocinio; a fin de que, siguiendo vuestros ejemplos, y sostenidos por vuestros auxilios, podamos vivir santamente, morir piadosamente y obtener la felicidad eterna del Cielo.

 
Amén.


Rezar ahora un Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

Estas oraciones deberán hacerse durante 30 días comulgando un mínimo de una vez a la semana, preferiblemente los miércoles, aunque a ser posible, también incluir los domingos.

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1 Comment

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