MI PRESENTACIÓN

 

Existen infinitas razones para creer en un mundo trascendente que va hacia Dios, hacia la unión de lo humano con Dios en una felicidad perdurable.

 

Yo, católico porque mis padres me han transmitido además de la vida, su fe, sin ningún estudio de filosofía ni teología, pero con fe en la promesa de Jesucristo, quiero profundizar en los motivos y razones para creer en Él, en una vida feliz a su lado, en una alternativa real y palpable a la vida que este mundo nos ofrece, sin prescindir del mundo, mas bien, inmersos en él, en lo cotidiano, en lo de todos los días, bajo el prisma de mi vivencia como padre de familia, trabajador profesional, partícipe en la sociedad actual con toda su problemática, luchando en mi pequeña parcela, por los míos, por los que considero que tengo que cuidar, guardar y defender.

 

Creo en este mundo, en el que me ha tocado vivir, tal y como es, con sus grandezas y miserias, amores y odios, justicias e injusticias; creo en la gente, en los hombres y mujeres que componemos esta sociedad, en nuestra capacidad de acciones nobles pero también miserables, y sobre todo en nuestra capacidad de hacer variar el rumbo de la vida, nuestra vida, de corregir descaminos, de poder llegar a un gran amor después de un desamor, de hacer grande lo pequeño, como los enamorados: "que insignificante es una flor para mostrar el amor que siento por ti, me gustaría regalarte el mundo entero, y eso, también sería insignificante".

 

Soy arquitecto, asturiano de nacimiento y vasco de adopción, o sea, de Bilbao, mejor dicho, de los alrededores de Bilbao, padre de siete hijos -una la tengo de intercesora en el cielo, junto con su madre-, viudo con 43 años, vuelto a casar con 48 años, luchando en demasiadas ocasiones contra corriente, permisivo con mis hijos, queriendo corregir muchas veces el rumbo familiar pero con poco éxito, sobrellevado por los acontecimientos y a veces por personas poco tolerantes.

 

He intentado encarar la vida “mirándola de frente”, según viene, yendo a su encuentro con aplomo, con seguridad en mí mismo puesto que me apoyo en Dios, y los dos -Dios y yo- todo lo podemos. ¿Y las cosas que vienen de lado y no de frente?. Esas son las imprevistas, parece que vienen a traición, pero no, son nuestras aliadas, nuestro entrenamiento diario, que nos da la fortaleza necesaria en ese encaramiento con la vida, y quien lucha en las pequeñas contradicciones de todos los días, gane o pierda, está preparado para las grandes batallas de la vida.

 

No me han faltado ni me faltan asuntos que afrontar, y cuando me han flojeado las fuerzas, Dios suple, se pone a mi lado y ¡adelante!. He tenido en esta vida rupturas dolorosas, desengaños, muertes de personas muy queridas, he sido estafado, embargado de todos mis bienes, he tenido duras situaciones profesionales, momentos de depresión, ruinas económicas, traiciones de personas en las que me apoyaba y confiaba..., y, ¡por qué no decirlo! momentos felices que el Señor me envía, para compensar. Si me he caído, me he vuelto a levantar. Si me he desmoralizado, he vuelto a retomar fuerzas. Todo viene y todo pasa. Los tiempos de Dios no son nuestros tiempos. Hay que llegar al destino final, aunque sea a rastras.

 

Pero a pesar de todo esto, no soy una excepción, todos tenemos nuestra historia que contar, por lo que me considero uno más, ni mejor ni peor que la inmensa mayoría, pero con una gran fe en la Providencia Divina.

 

Soy una persona de la calle, con algo que decir: “lo que pasa en mi interior”. Escribo para conservar la memoria, mi memoria, solo aquellas cosas que merece la pena grabar con fuego en el corazón. Pensamientos que -estoy convencido, lo noto en mi ser y lo siento en mi corazón- Dios me va diciendo. Lo hace para mi bien, para mi desarrollo, crecimiento y mejora personal, para que le conozca mejor.

 

También pongo por escrito estos pensamientos como una necesidad imperiosa de plasmar lo que no cabe dentro de mí -explotaría si lo guardara-, y de alguna forma, medito, completo y repaso con frecuencia, haciéndolos carne de mi carne. De esta manera, voy concretando el camino a seguir en mi vida. Estos condensados pensamientos son mi guía, me desnudan el alma ante mi Señor y me apuntalan en mis desvaríos. ¿Por que cauces vienen a mi mente?: la oración constante, la confesión, la dirección espiritual, y otras muchas formas (frecuencia de sacramentos, lectura y meditación de la Biblia y otros escritos, la liturgia, etc.). Por todos estos medios Dios me habla al corazón y a la mente. Yo lo guardo como el mejor de los tesoros a fin de tenerlo siempre presente en mi memoria despistada y olvidadiza.

 

Necesito ser sincero conmigo mismo. Solo debe escribir quien tiene algo que decir, y yo tengo mucho que decir, aunque solo me escuche yo mismo y Jesús. No debo callar aquello que debo decir, no debo disimular la verdad por miedo a contrariar, aunque no me creo en posesión de la verdad, pero Dios me da luces y me esfuerzo en interpretarlas. No tengo miedo a estar en la palestra, a que otros sepan mi forma de pensar, esté equivocado o no, basta con que estos pensamientos sean positivos para alguno de vosotros. Quisiera poder ayudar con ellos a personas incrédulas, indecisas, indiferentes, sin ideales en la vida, con pocas ilusiones, con poca esperanza..., animarles a que busquen la verdad, la encontrarán, seguro, y con este encuentro aumentará su esperanza.