530 - EL ESPÍRITU NO MUERE

 

Qin Shi Huang, rey de Sian, se llevó a la tumba el espíritu de sus fieles soldados esculpiendo en terracota la figura de cada uno de ellos. Sabio era este rey que no necesitó la muerte corporal de sus súbditos para verse acompañado y servido en la eternidad, como, por otro lado, hacían los faraones egipcios.

El rey Qin bien sabía que ‘muere la carne pero no el espíritu’; una creencia de todas las religiones que fueron incapaces de gestionar hasta la llegada de Jesucristo.

Hoy día, disipadas las dudas, sabemos que viven los espíritus purificados de nuestros antepasados, sentimos que su buena influencia nos ayuda y da profundidad y sentido a nuestro espíritu incorruptible que, junto con el cuerpo corruptible pero llamado a la resurrección definitiva, caminan juntos por este apasionante mundo.

Los antiguos sabían que esta vida solo era la antesala de otra definitiva y esa idea superaba su capacidad intelectual pero no así los anhelos del corazón. En nuestros tiempos, conocedores de esta realidad, se pone a prueba la autentica esperanza del creyente, aquella que da sentido al devenir y nos saca del escepticismo.

Y es que nuestra sociedad, a pesar de que Dios se ha ido manifestando a cada uno de nosotros, parece dormida en un sueño de complacencias que nos alejan del mundo real, un mundo de seres humanos con carne y espíritu destinados a la inmortalidad.