529 - VIVIMOS EN EL AUTOENGAÑO

 

Vivimos en el autoengaño, individual y colectivo. Pretendemos convencernos que nuestras decisiones cotidianas en pro de la comodidad y el bienestar propio no repercuten en los demás, es decir, ni en la comunidad ni en lo común. Y si no es así, tampoco nos importa.

Sabedores de que la realidad es otra, sofocamos la verdad con un manto de silencio cómplice, silencio encubridor del autoengaño. Vivimos en la falsedad de la cuerda floja sin mirar para abajo no sea que esa realidad nos arrastre al abismo.

Hacer el avestruz es una forma de vivir de los resignados, convencidos de carecer de poder para decirles la verdad a los poderosos. Es la pescadilla que se muerde la cola: los poderosos de este mundo son insensibles al sufrimiento de los humildes y estos a su vez no pueden remediar esta injusta falta de sensibilidad. Nos falta valor.

Poderosos que teniendo medios para actuar en verdad, actúan según sus propios intereses: pudiendo ser justos, son injustos; pudiendo preservar espacio vital para todos y cada uno, solo atienden sus propios dominios aunque estén rodeados de cloacas...

Poderosos que administran bienes materiales y éticos, bienes a los que en justicia tenemos derecho todos con independencia de que alguien o algo decida lo contrario: derecho individual, derechos de grupo, derecho a la cultura, a nuestras creencias, al uso de la naturaleza tal cual es...

Poderosos que deciden cuestiones que no deben estar sometidas a las ciegas leyes de mercados monetaristas, ni de mayorías partidistas de intereses de unos por encima de otros, más bien, a la verdad objetiva, al sentido común, a la herencia recibida de nuestros mayores…

Poderosos que con demasiada frecuencia ni administran ni deciden según las leyes que nos son comunes: Lo hacen según el dictado de deseos y complicidades a veces repugnantes.

La obstinada hipocresía de quienes viven en la falsedad por pura ceguera nos aboca a todos hacia la autodestrucción -revisemos la historia-. Nuestro planeta se va deteriorando por desequilibrio en el orden ético y ecológico. Nuestra inteligente tecnología facilita el retorno a la barbarie y la injusticia... De seguir así nos veremos abocados a un nuevo y doloroso resurgir sobre nuestras cenizas, si Dios nos vuelve a conceder esa oportunidad.

Esta ceguera se palpa en las lagunas de nuestra conciencia, cada vez más y más grandes. Nuestras acciones y nuestros pensamientos están determinados por aquello que no advertimos y poco hacemos para advertir lo que no advertimos…, estamos cómodos así, adormecidos, ofuscados, impedidos para poder ver las cosas tal como son. Se ignoran los hechos simplemente mirando para otro lado, pero llegamos a quedarnos sin lados a dónde mirar y, en ese caso, sin pensarlo dos veces, modificamos su significado:

Si el aire es irrespirable, perfeccionamos la eficacia de nuestras mascarillas.

Si apenas se ve el sol, creamos bonitos soles artificiales que ‘dan el pego’.

Si pensamos que somos muchos, eliminamos a los indefensos e inútiles, o simplemente, a los que nos estorban.

Si sentimos repugnancia hacia la nueva esclavitud y tampoco podemos mirar a ningún lado porque vemos pobreza y hambruna por doquier, nos ponemos una venda ante los ojos en vez de actuar.

Nuestra inteligencia asume con facilidad que ‘lo urgente es protegernos, aislarnos y asegurar nuestro futuro para que nada de eso nos salpique’. Para ello invertimos gran cantidad de medios en deshumanizar el sistema. Nuestro poder y la escasa conciencia nos lo permiten.

El futuro está en el aire y el destino de todos es nuestro destino. Si el destino de todos es la autodestrucción, ese es nuestro destino.

Gracias a Dios, el destino es aquél por el que uno lucha y cree, y la inmensa mayoría luchamos porque creemos en la verdad, la justicia y el amor. Por desgracia estas palabras ya no tienen sentido para los poderosos, y no están dispuestos a mover un dedo por ellas. Como viven en el autoengaño, el sufrimiento injusto les es ajeno en los demás, pero cuando se acerca a lo propio, eso sí les importa y mucho, entonces remueven el mundo para mitigarlo…, por camino equivocado.

Tendrán que dejar paso a la sensatez, dejar de estar ahí, irse a otra parte, renunciar a quitarnos el sol que nos ilumina, el aire que respiramos. De esta manera los demás podremos organizar este mundo con el poder que nos da sentirnos hermanos iguales en dignidad y necesitados del apoyo mutuo.

De no ser así, llegaremos a un punto en el que nuestra conciencia adquiera un aspecto esponjoso, con enormes puntos ciegos y vacios, haciendo imposible e iluso pretender trascender de nuestra realidad cotidiana…, nos habremos incapacitado para ello.

Para que esto no ocurra tendríamos que despertar y…, antes de despertar tendríamos que darnos cuenta de nuestra peculiar forma de dormir para que el despertar no sea hacia un mundo de irreal fantasía sino hacia un mundo que nos advierta de lo que antes no hemos advertido: el mundo real, el mundo creado por alguien superior a nosotros, impulsado por él mismo de una forma que nuestras desviaciones y distorsiones no han podido ni querido admitir.

Por eso nos habíamos dormido, incapaces de sobrepasar nuestras limitaciones, incapaces de soportar la aflicción y el dolor que hemos creado y abonado con nuestra complicidad.

Por eso debemos despertar advertidos de lo que no habíamos advertido: Que buscamos la verdad sin dolor y nunca la encontraremos pues en este mundo nuestra manipulación los ha hecho inseparables, verdad y dolor han crecido juntos y hay que dar un paso más para llegar a la bifurcación donde se separen para siempre. Con la brújula que llevan muchos, equivocarán el camino, pero no quieren repararla y se les pasa el tiempo. No saben que la brújula siempre marca el camino del amor y tampoco saben que no siente dolor quien se embriaga de amor, de verdadero Amor.

Es el Amor que nos saca de este mundo de falsedades creadas por el autoengaño en que vivimos. El Amor que ahoga todo mal, pues son incompatibles, no pueden vivir juntos.