528 - EN LA SERENIDAD

 

En la serenidad encuentro a mi Dios,

no en el cumplimiento y la precipitación.

En la serenidad sigo sus pasos,

no mis pasos arrítmicos e indecisos.

 

Inmerso en el momento,

ese momento que para mí es ‘todo’, ‘único’,

y para Dios son ‘todos’, ‘únicos’.

 

Momento de oración en la contemplación,

momento de trabajo en la perfección humana,

momento de acompañamiento en la mirada amable,

momento de esfuerzo en el servicio a los demás...

 

Infinitos momentos pasados y olvidados,

momentos futuros que no sabemos si serán.

Momentos, todos ellos presentes, como uno solo, en Dios.

Todos presentes en nuestro único momento: el ahora,

 

paseando por el arenal de Laida en bajamar,

centrado en un meticuloso y complejo cálculo,

contemplando a mi nieto pequeño y menudo,

escuchando a mi esposa,

en la intimidad con mi Dios...

 

Siempre en la serenidad,

en los tiempos de Dios que no son los nuestros

cada momento adquiere un valor infinito,

 

adelantamos nuestra vida efímera a la Vida definitiva por un instante.

Y allí seremos dioses,

viviremos en presente nuestros momentos pasados y futuros,

... no existe el tiempo que todo lo dispersa y olvida.

 

El mal ha desaparecido, y con él,

todas nuestras malas acciones perdonadas por el Único que puede perdonar.

El mal no redimido muere en otro mundo,

también eterno.

 

La relación con mi Dios desde la serenidad comienza aquí,

nunca nos abandona si no le dejamos,

y aunque le dejemos, Él nos sigue,

 

sabe de nuestra capacidad de desandar lo andado,

de volver a momentos plenos de amor y de Verdad,

 

en la sencillez de lo cotidiano,

en la serenidad del corazón humilde,

en la constancia del alma fiel,

en la fortaleza del que se sabe querido por Dios.

Todas nuestras vivencias humanas están contenidas en ese instante,

 

divino,

vivido como Jesús nos enseñó.