525 - ¿QUIENES SOMOS? ¿DONDE ESTAMOS?

 

Poco entiendo de lo que llaman ‘ecologismo humano’, de cosas tan de moda como ‘la ideologías de género’, de rediseñarnos a nosotros mismos, de decidir sobre la vida y la muerte... Más entiendo de construir edificios habitables. Y digo ‘habitables’, pues los no habitables para nada sirven. Al cabo, habitamos nuestra vivienda como habitamos nuestro cuerpo, como habitamos nuestro entorno urbano y la naturaleza no urbana que nos rodea.

Uno puede habitar como quiera lo suyo propio, en su propio cuerpo, en su propia casa... Firmada ya la correspondiente hipoteca, puede dormir en el baño, cocinar en el dormitorio, utilizar la sala para sus cuidados personales, salir y entrar por la ventana -problemático si vive en un piso alto- incluso, utilizar el balcón como plataforma de misiles..., todo es posible. Todo cabe en nuestra prodigiosa inteligencia. Pero no todo es acertado.

Somos libres en nuestro actuar pero debemos ser coherentes con el diseño previo de este mundo y su decisivo influjo en la vida, sabedores que nuestras decisiones pueden dejar secuelas impredecibles y pueden chocar frontalmente con las decisiones de otros... Nos jugamos un emocionante viaje en buena compañía y un feliz destino.

En la vida se construye sobre buen firme y con los materiales que tenemos. No se destruye el firme para construir en el aire ni se destruye lo que tenemos para construir sin materiales. Además de insensatos, estaríamos despreciando el buen hacer que nos han transmitido nuestros antepasados que..., no eran tontos. Nadie elimina el tejado de la casa ni lo coloca en otro lugar, por ejemplo, debajo de la casa. Todo esto es lo que se viene a llamar 'cultura habitacional' vinculada a la 'cultura personal'.

El diseño está presente en todo y tiene su sentido en toda nuestra existencia física, psíquica y espiritual. Pretender decidir ser hombre o mujer tiene la misma complejidad que pretender poner la cubierta debajo de la casa. No es que sea imposible, es que no aceptamos las reglas del juego establecidas, que podrían ser otras, más acordes a nuestros gustos, pero son estas y lo son para todos.

El diseño previo a nuestra intervención en este mundo así lo ha visto, y el Diseñador lo ha considerado bueno. Contamos con esas premisas o corremos el riesgo evidente de autodestruirnos.

Quizás no nos importa asumir ese riesgo en la búsqueda de la ‘sociedad del bienestar’, en ese caso estamos valorando en exceso nuestras capacidades, sobre todo, la de decidir cómo debe ser esa sociedad que pretendemos, fundametada en el consumo y la consiguiente superproducción y desprecio a la austeridad personal y colectiva en bien del despilfarro, que tanto beneficio aporta a muchos, a costa de la miseria material y moral de la mayoría.

Nuestra avaricia no tiene límites, todo lo desea..., caprichosamente, sin bases sólidas sobre las que construir, sin medios, sin conocimientos, sin buenos materiales.

Admitamos por un momento la intervención de una mente superior en la creación de nuestro mundo, y comprobaremos cómo esa mente sigue íntimamente ligada a él, quizás así lleguemos a superar nuestra ofuscada prepotencia...

Y llegaremos a discernir, entre el vino y la botella, cual es contenido y cual contenedor.

Llegaremos a sentir las fuerzas espacio-temporales que conforman nuestro ser: Único, infinito, formado de espíritu y materia.

Llegaremos a maravillarnos de la perfecta unidad en la diversidad entre Criador y criaturas y, de esa manera, llegaremos a saber quiénes somos y donde estamos.

Si así es, habremos triunfado... y ese triunfo puede ser definitivo.