522 - ACEPTACIÓN DEL JESÚS HISTÓRICO

 

Necesitamos poner en valor aquello de por si valioso, oculto en nuestra ignorancia a veces culpable y muchas otras cobarde.

Jesús, verdadero hombre, en su paso por los caminos polvorientos de este mundo, no jugaba con ventaja respecto de nosotros. Sufrió el desamparo, la angustia…, sudando sangre por sus poros; sabía lo que habría de suceder y su humanidad sometida a la duda se rebelaba con violencia, en nada se diferenciaba de la nuestra, solo en la confianza, en el abandono absoluto: Vivía la aceptación plena de lo que no entra en cabeza humana, pues era decisión divina compartida con el Padre

La aceptación se basa en la confianza. Jesús hombre tenía confianza plena en el Padre, y así como los humanos suelen defraudar, Dios nunca defrauda.

Y ese abandono total en manos de su Padre Dios, le permitía dar el siguiente paso, y el siguiente…, con decisión, con absoluta paz y seguridad. Dios no defraudó a su propio Hijo que vino a vivir en todo como nosotros.

Tampoco Dios nos defraudaría a nosotros si confiáramos en Él como muchas veces confiamos en otras personas: en nuestro jefe, en el piloto que conduce nuestro avión, en una información que estimamos veraz, en un señalizador de carretera, en nuestra esposa..., y nos apoyamos plenamente en esa confianza.

La vida así se volvería coherente, cualidad escasa en este misterioso mundo humano lleno de limitaciones. Necesitamos poner en valor esa coherencia que surge de la aceptación de que Dios sabe más, y nos hace sabios supliendo nuestra ignorancia.

Somos tremendamente limitados para comprender los misterios del mundo pero tenemos una fuente que nos alimenta, una luz que nos ilumina en la oscuridad. Tenemos al Jesús histórico que calma esta sed cuando ponemos fe y confianza y… nos abandonamos en sus manos, en su vida, sus palabras, sus hechos, su sentir, su bondad, su poder, su amor a toda criatura humana, su… unión con los primeros discípulos y con todos los que vendríamos después.

Necesitamos vivir un abandono como el suyo cuando experimentaba las flaquezas y carencias humanas, y le venía la angustia, la inseguridad, el temor, y… no quería evitarlo aunque pudiera. Él iba por delante nuestro y nos pedía (nos pide) una fe inquebrantable.

En Marcos 5, se refieren varios milagros en los que las respuestas de Jesús ante el asombro de la gente es la fe de la persona curada como causa primera del desbordar del poder de Dios: “Hija, tu fe te ha curado, vete en paz” le dice a la hemorroisa que le había ‘robado’ una fuerza de curación, por la fe y solo por la fe.

En sus milagros lo importante no es el poder de Dios, es la fe que hace que ese poder se nos muestre. De esa manera, el Jesús de la historia que todos conocemos nos ensanchó enormemente el camino hacia la Verdad de este mundo.