521 - NUESTRA VERÍDICA HISTORIA

 

Con nuestra vida podriamos escribir, no lo dudo, una extensa novela, pero… ¿A quien interesaría?, ¿solo a nosotros? Si el único protagonista soy yo, está más que claro, soy pura vanidad y de poco interés para los demás, pero si el protagonista es Dios todo cambiaría.

Dios hace trascender lo cotidiano y eso perdura para siempre, es lo único que recordamos con el paso del tiempo, lo unico que queda en nosotros, lo único que en realidad somos: aquello que hemos deseado en el fondo de nuestro corazon.

Otra cosa es ficcion y con ello podriamos escribir una bonita pero irrelevante novela de ficcion.

Si escribimos lo que somos, que no es humo que lleva el viento, estariamos escribiendo nuestra verdadera historia… ¿novelada? ¡Quizas!... soltando la imagiacion podriamos suplir nuestros olvidos. Pero en todo caso sería nuestra verídica historia.

Nuestra historia comenzaría antes de nuestro nacimiento, pues desde siempre estamos en la mente del Ser de la vida. En un determinado momento se produce un milagro, un humano libre aparece sobre la faz de la tierra, un ser capaz de crear imposibles, de acciones totalmente impensables para la racionalidad, usando para ello -aunque suene paradógico-  la razón, con un poder de percepcion único que conferirá a la vida inusitado interes. Por contra, la propia vanidad transformaría nuestra vida en insignificante.

Nuestra propia historia carecería de volatilidad pues seríamos ‘alguien’, sin quedarnos simplemente en ‘algo’. Arrasaría nuestra fe, nuestra esperanza en la vida plena, desechando un vivir lleno de cosas políticamente correctas, apariencias convenientes para nuestros intereses, para nuestra seguridad de éxito en este mundo… brisa pasajera que derrumba los castillos de naipes según los vamos construyendo.

Es que habriamos pasado del estadio estético al ético, motivados por la certeza de nuestra fe experimentada en vivencias donde Dios ve mas lejos, y con esa esperanza hemos visto derrunbarse muchas verdades de nuestras convicciones y convencimientos en los que hemos perdido el suelo con frecuencia.

Hemos huido de la seguridad de la certeza entrando en el camino de la duda, y así, hemos crecido en la fe y nuestra vida ha tomado un cariz propio de seres libres que confian en otros seres libres y en el Dios que nos ‘deja ser’ porque nos ama, nos guia y siempre va por delante.