508 - ¿POR QUÉ DIOS NOS HABLA ASÍ?

 

Se oculta tras las leyes naturales actuando en nosotros de una manera imperceptible, habitando en corazones libres para acogerle…, personas que le buscan, personas que siguen sus pasos, personas que viven solo para un gran proyecto de Amor.

Dice san Bernardo que Dios está en las criaturas irracionales, pero estas no le pueden comprender. Los seres racionales pueden alcanzarlo con el conocimiento, pero solo los justos le alcanzan por el amor.

¿Quién es el justo? Quien es libre para amar a aquel a quien no ve ni comprende con la razón pero sabe que está y vive en nosotros. Esa libertad recibida y mantenida con esfuerzo le permite admirar el misterio del Creador en todo cuanto sus ojos ven y sus oídos escuchan. De esta manera, su corazón anhela el conocimiento del ser amado.

Dios nos habla así, desde los sucesos más insignificantes hasta los más decisivos, desde las imágenes más entrañables a las más burdas, desde las más hermosas a las más crueles. Nuestra inteligencia y nuestro corazón hacen el resto.

Podemos considerar a Dios como un habitante extraño en nosotros, al que nos hemos acostumbrado y ante el que nos portamos con indiferencia: Las cosas se solucionan solas, pensamos, no nos importa lo mucho o lo poco o lo nada que ese ser intervenga en ellas.

Pero también podemos considerar que Dios está con nosotros por algo, porque somos necesitados de su ayuda, y Él se nos aproxima, nos mira con ternura, nos ofrece sus dones, nos extiende los brazos diciendo “donde esté yo, ahí estaréis también vosotros” (Juan 12, 26)

Dios nos habla así porque estas son sus intenciones reales. Nos sabe necesitados de su apoyo, y nos concede sus dones a través de lo bello de este mundo, de la entrega de los demás, dotándonos de valores y capacidades nada desdeñables. Todo nos lleva a Él, a su amor inmenso si no nos cegamos solo con sus dones.

Todo nos habla de Jesús, de su poder, de su amor, y ante eso experimentamos nuestra debilidad, nuestra incapacidad para amar. Buscamos apoyos pero solo uno es seguro y podemos acceder a él “donde esté yo, ahí estaréis también vosotros”. Nuestra libertad tiene la última palabra, tenemos la información, los medios para interpretar el lenguaje de Dios.