439 - MUNDO HIPÓCRITA

 

 

 

Después de muchos siglos de sufrida paciencia por parte de unos y tenaz obstinación de otros, hemos creado un mundo en el que parece que solo interesan los hechos probados ‘in fraganti’, los que ocupan todas las redes y medios de divulgación porque son ‘carne de cañón’. Animan el cotarro, monótono y aburrido cuando no pasan cosas por las que tengamos que dilapidar a alguien. El cadalso debe estar activo, debe tener clientes a quienes acribillar con mil dardos, más dolorosos que espada afilada.

 

A esto ha contribuido, con el paso de los años, de los milenios, nuestra cada vez más refinada hipocresía. Nos gusta el juego de la ruleta rusa y ver sufrir a quien le toca. Todos pasamos con exceso de velocidad pero solo a uno le paran y le multan; eso parece que nos regocija porque nunca nos va a tocar, solo a los incautos, nos creemos más inteligentes poniendo cara de circunstancia, y a ese, ese… un pringado. Se lo merece por… pringado.

 

No importa lo que uno es, importa lo que uno aparenta ser, lo que hace y es visto por los demás. Con eso estamos creando un mundo de esquizofrénicos, y el resultado es al menos inhumano.

 

Han fotografiado a una conocida dama en amoríos con un hombre que no es su marido o su pareja estable. Aunque ese tipo de flaquezas las cometa una amplia parte de la sociedad, ¡a esa no se le perdona! y le va a caer el pelo por ello.

 

Necesitamos victimas. La ruptura entre nuestra vida personal y lo que de ella perciben los demás, nos ha arrastrado a ser una imagen de nosotros mismos, distorsionada a veces: ampliada, desfigurada, manipulada, engañosamente retocada…, muy diferente a nuestra verdadera realidad personal, porque en el fondo ¡no somos así!, ¡no somos lo que hemos creado en nosotros!... pero al final nos quedamos con la imagen -puede ser una mala copia, una fotografía desenfocada- y no nos quedamos con el original.

 

¿Qué diferencia existe entre el original y una fotografía? Uno tiene vida y el otro por mucho que lo meneemos, no. Y tener vida significa tener alma, espíritu, sentimientos, esperanzas.

 

Tener doble cara, la real y la simulada, significa además que tanto el alma como el espíritu como los sentimientos como la esperanza están partidos. Es la locura. Pocos están dispuestos a ensañar su cara real pues eso conlleva abrir el corazón y muchos ignoran donde lo tienen, por estar partido, y a veces en muchos trozos perdidos en mil vericuetos.

 

Uno termina siendo su caricatura, o un producto devaluado por los instintos más primarios, sin alma ni sentimientos, una imagen que ni siquiera es de uno mismo al estar formada por estereotipos de conveniencia.

 

En definitiva, uno ya no es uno; uno está formado por partes dispersas de muchos otros, está expuesto a los devaneos de gentes con intenciones nada claras, gentes a las que les gusta el ‘morbo’, el placer de hacer sufrir, aunque te ofrecen calmantes para que no desesperes…

 

Mundo hipócrita que se rasga las vestiduras en señal de total desaprobación del delito ajeno, que claman por una justicia inflexible contra el malvado cuando… los hechos que juzgan en el desdichado son minucia frente a los propios de quien se escandaliza. Aquí viene lo dramático de la hipocresía: la esquizofrenia de vivir en dos mundos por separado, ignorándose uno a otro como si no constituyeran una única unidad en el ser humano.