436 - ¡QUE FELIZ CON TAN POCA COSA!

 

 

 

 

Me gustaría decir eso de los humanos…, lo digo de mi perrillo, feliz con la simple presencia del amo.

 

Sin embargo el humano vive en la presencia del Creador allí donde esté, y muchas veces le ignora. Busca lo inmediato, busca saciar sus veleidades y parece que nunca lo consigue, siempre es poco, le persigue la ansiedad, la infelicidad, la insatisfacción crónica…

 

Éramos en origen un animal evolucionado al que se le infundió un alma inmortal, pero esa predilección y poder se nos subió a la cabeza. Ambicionamos más, ahora y aquí, no vamos al paso de Dios intentando comprender sus misterios, queremos ir a nuestro paso, muchas veces irreflexivo. No vemos el todo, según las capacidades recibidas, vemos solo una parte, y la reducimos cada vez más a lo que nuestra mente asume como bueno para uno mismo.

 

Pero solo con un conocimiento profundo de las cosas podemos juzgar lo que es bueno, aun así nos elegimos jueces por el fácil y cómodo reduccionismo de todo cuanto existe a nuestra capacidad de entendimiento, pues… no importa el conocimiento, puede ser engañoso, pensamos.

 

El perrillo desconoce casi todo, pero confía en su amo…, le acoge, le da de comer, le acaricia de vez en cuando…, y con eso le basta, no necesita más.

 

Dios nos ha dado este mundo en el que ‘no falta nada’, nos ha dado más capacidades que al perrillo para comprender y colaborar en la perfección de lo creado, nos acompaña en todo momento aunque no le veamos. Él es así.

 

Con todo esto, en lo que a mí concierne poca cosa necesito: un techo, alimento (tres veces al día si puede ser) algún libro, y poco mas..., bueno, que mi cuenta bancaria no se quede sin saldo para evitar conflictos.

 

Mi familia y los míos, necesitan más de mí que yo de las cosas; me necesitan a mí, y yo a ellos, necesitan mis cosas en cuanto que nada es mío, sirve a todos, porque ese es su uso, el uso de las cosas. Por esto, procuro dedicar el tiempo imprescindible a asuntos remunerados, el resto a asuntos necesarios para otros, sin recibir nada a cambio. Tanto en uno como en otro trabajo pongo el máximo de la profesionalidad que he podido adquirir.

 

Lo deseable es que los asuntos remunerados no me ocupen el 100% de mi disponibilidad, que pueda llegar a ser un 50%, de manera que el otro 50% de actividad profesional pueda ser voluntario, eficaz y gratuito para los demás. Esto no se consigue sin poner límite a nuestras posibilidades de generar beneficios económicos cuando estos superan lo necesario para vivir dignamente, pudiendo de esa manera cooperar a que los que no llegan a ese umbral de ‘vida digna’, al menos se acerquen a él.