435 - OCUPADO EN NO HACER NADA

 

 

 

 

A veces nos preocupa estar ociosos por ‘no tener nada que hacer’, y nos inquieta ‘no estar ocupados’, pero debemos ser conscientes de que leer buenos artículos no es no hacer nada, buscar la relajación y centrarse para escribir algo con sentido no es no hacer nada, acompañar en el estar y la conversación no es no hacer nada…

 

El concepto de que hacer algo es no estar quieto se denomina activismo, es estéril e infecundo, es estar ocupado en no hacer nada, en menear las cosas ahora para aquí, luego para allí, después otra vez para aquí y… todo sigue igual aunque el tiempo haya pasado. Es matar el tiempo, un sinsentido, pues el tiempo está para ser bien administrado y se nos pedirán cuentas de ese derroche.

 

Tenemos que eliminar la obsesión por estar ocupados… ¿en qué? Tenemos que sustituirla por ‘vida’ minuto a minuto siguiendo la senda que la Sabiduría nos abrió caminando junto a nosotros. Vivir una vida sin apetencias propias que nos puedan volver locos de ansiedad incontrolada. Hacer lo que se debe y estar en ello. Hacer una sola cosa cada vez en la que tengamos que poner todos nuestros sentidos, sin pensar en la siguiente tarea. Ello no impide realizar otras tareas al mismo tiempo, siempre que tengan un alto grado de automatismo, con orden…

 

Poner orden en nuestras ansias, canalizándolas hacia algo que de verdad merezca la pena y de alguna manera nos sosiegue en medio de este mundo tan estresado, liberándonos de lo demás, de lo que hemos acumulado por el simple afán de abarcar todo, de estar en todo.

 

No entiendo que se pueda utilizar como música de fondo un concierto de Rachmaninov, todo variaciones, intenso, que nos requiere un cien por cien de concentración para sumergirse totalmente en el piano. Hay que ser realistas para poder utilizar nuestras limitadas capacidades al máximo. Hay que estar o no estar, y algunas tareas requieren ‘dedicación exclusiva’.

 

Podemos hacer de nuestra vida una inutilidad caminando a nuestra manera, metiendo la pata continuamente en tonterías que nos pueden arrastrar a cosas peores, creando ‘mi’ mundo, no el que el Ser nos ha creado mucho más sabiamente y sigue creando con nuestra participación.

 

Conjugar la vida activa con la vida contemplativa. Las dos actitudes emanan del cuerpo, la mente y el corazón, son momentos diferentes que se complementan y necesitan para no andar cojos. De esta forma recuperaremos valores perdidos y no por ello desaparecidos de nosotros.