432 - UN REBAÑO DOCILMENTE SOMETIDO

 

 

 

 

Cuanto más plana y sin relieve sea nuestra identidad humana,  mas nos pareceremos a un rebaño.

 

Los rebaños se caracterizan por ser dóciles, manejables y manipulables según los intereses de quien manda..., y quien manda no suele ser un individuo solo y aislado, más bien, un grupo de presión perfectamente organizado en sus métodos para lograr encubiertos fines muchas veces perversos y carentes del más mínimo humanismo…

 

Hablan de amor para lograr sumisión. Hablan de libertad para lograr sometimiento de voluntades. Siembran oscuridad donde luce el sol. Niegan la evidencia natural y nuestro don de pensar y actuar libremente… porque eso les incomoda sobremanera, les pone nerviosísimos, tartamudean en su insistencia por declararnos libres con la consabida libertad del ave de corral, radicalmente opuesta a la Libertad con mayúsculas de un espíritu libre.

 

Para ello, para llevar adelante sus perversiones, niegan la propia naturaleza humana y deciden que esta no se nos ha dado como hecho preestablecido, base de nuestra existencia, insistiendo machaconamente que somos libres para elegirla y crearla a nuestro gusto. Sin embargo incurren en el error de mostrarnos el catálogo de nuestras posibles elecciones, según sus intereses de dominio y sometimiento materialista.

 

El Creador de todo cuanto existe nos brinda un maravilloso día en una naturaleza exuberante. Los prepotentes nos sumen en su profunda oscuridad susurrándonos en los oídos: hazte a ti mismo, a tu gusto, se libre, que nadie te limite ni aceptes nada impuesto... Y quedamos para siempre inmersos en el mundo de la inconsistencia y falta de luz que no nos permite ver ni la magnitud del rebaño del que formamos parte.

 

Un rebaño dócilmente sometido al ideal relativista de ‘dejarse llevar’ hacia ‘ninguna parte’, porque, contaminadas las aguas ¿para qué queremos el rio?