431 - AMAMOS LA DIFERENCIA SEXUAL

 

 

 

 

Negar la propia naturaleza descartando hechos preestablecidos por el Creador en base a una libertad de elección según nuestras inclinaciones, no deja de ser una absurda rebeldía, propia de gente débil o inmadura.

 

Nuestras inperfecciones nos pueden inducir a querer cambiar algo que forma parte de nuestro ser, de nuestra naturaleza. Nos estaríamos sobreestimando, creyéndonos por encima de unas leyes que despreciamos por no concordar con nuestro sentir. La realidad es que no somos capaces de deducir las causas que han originado esas inclinaciones, a fin de poder actuar sobre ellas de forma crítica y coherente. Ir de lo general a lo particular, no al revés.

 

Observamos un hecho, estudiamos sus detalles y sacamos unas consecuencias. ¿No sería más lógico que estudiando detalles llegáramos a comprender un hecho?, así podríamos analizar su bondad o su malicia, si responde a la lógica natural o es un ’querer acomodar nuestro capricho’.

 

No conviene olvidar que la naturaleza tiene sus leyes. ¿Cómo podría subsistir sin ellas? La diferencia sexual no es un accidente, es constitutiva de los seres vivos sexuados: La intervención de varón es tan necesaria para la vida naciente como la intervención de mujer. Y amamos esta ‘diferencia’ porque nos da pruebas de una infinita sabiduría en sus detalles: amor, ternura, pasión, fecundidad, lealtad, entrega, comunicación, apoyo mutuo... formidables educadores inexpertos…

 

La libertad de hacerse uno mismo se convierte en la libertad de hacer con los demás, de elevarse sobre una creación que nos brinda los más nobles impulsos para trascender de nosotros mismos…

 

Pero somos víctimas de una irrefrenable ansiedad de bienestar material y anímico que nos reblandece el cerebro y las carnes, ignorando lo que somos y asumiendo lo que no somos. El conflicto está servido.

 

No olvidemos que “el cosmos no fue creado para que hubiera multitud de astros y tantas otras cosas más, sino para que hubiera un espacio para la alianza, para el ‘si’ del amor de Dios y el hombre que le responde… y restablece esa armonía, ese sentido del mundo una y otra vez perturbado por el pecado” -Benedicto XVI, en Jesús de Nazaret 4.1-

 

La materialidad de una rosa, hermosa y delicada, que un enamorado ofrece a su amor, lleva en sí misma toda la inmensidad de ese amor infinito.