428 - CUANDO DESAPARECE LA INFORMIDAD RELATIVISTA

 

 

 

No se puede asentar un edificio sobre agua. De ser así, no sería un edificio, sería un barco y no estaría asentado firmemente como un edificio necesita. Se movería al ritmo del oleaje y del agua, elemento inconsistente y sin forma.

 

Efectivamente. El agua toma la forma de aquello que la contiene y de no ser contenida se desparramaría, por eso le interesa adaptarse perfectamente a lo que está fuera de ella y le da forma. Nada estable como un edificio puede fundamentarse sobre algo incontinente, necesita roca dura donde asirse.

 

Los humanos también necesitamos asideros estables para fundamentar nuestros éxitos y nuestro fracasos, nuestra vida en los momentos de paz y cuando llegan las dificultades, nuestro placer y nuestro sufrir. Si no tenemos una base solida naufragamos en el relativismo donde todo se adapta a las circunstancias, a apetencias egoístas que nos corrompen.

 

Como el agua se mueve a merced de lo que le rodea y sostiene, movida por el viento caprichosamente y carente de forma, nuestra vida se hace volátil y dispersa, es decir, nada fundamentada, vida que se disipa y no deja poso, sin valor para nadie, ni para nosotros mismos que terminaremos siendo nada, pues dependemos de un caprichoso juego de mayorías manipuladas.

 

Pero somos algo, existimos por algo, algo concreto no imaginario, algo tangible para nuestros sentidos, consistente, que da sentido a nuestro conocimiento del mundo y sus causas. Y ese algo es anterior a nosotros porque es nuestra causa, nuestro origen del cual partimos y del que queremos prescindir porque nos incomoda.

 

Si no aceptamos asideros estables, seguiremos tomando formas aleatorias, caprichosas, que el viento disipa sin dejar ningún rastro de nuestra existencia. Por el contrario, dar forma a nuestra vida es avanzar hacia su plenitud cuando esa forma se aproxima a la verdad, a una verdad que no siempre es ‘evidente’ pero que en su búsqueda está nuestra perfección, nuestra base y fundamento.

 

Y no debemos obcecarnos en una verdad, pues la verdad práctica no es única, existen muchos medios legítimos para conseguir un único fin: el pleno desarrollo humano con el amor como verdadero motor creador, pues solo se crea por amor… Lo demás no es creativo, solo es desamor, odios disimulados, corrupción, nada…

 

Cuando la informidad relativista desaparece y se va concretando una forma bella que echa raíz en la armonía interior de la persona, esta persona despliega y perfecciona sus potencialidades, direccionándolas hacia la plenitud de que es capaz…

                                     

           Se asienta la construcción humana,

                    se reconocen las cosas y a las personas como son

                                          para poder ayudarles a que en verdad lo sean.  

        

                                Se reconoce la hechura divina

                                       en la belleza de la creación como reflejo de Dios.

                                               

                                                            Aquí está la dignidad del ser humano.

                                                   Aquí comienza nuestra definitiva historia.