426 - LA SUERTE DEL SEMBRADOR

 

 

 

 

En la suerte del toreo, cuando hay buena faena algo se recoge. Si la faena es mala, poco se recoge y si no hay faena, no se recoge nada.

 

El sembrador siembra sabiendo que algo podrá recoger, es la suerte del sembrador. Pero no ‘suerte’ ciega y aleatoria, que va unida a la desesperanza del infortunio o a la esperanza de la fortuna, según esté nuestro estado de ánimo.

 

Para un creyente la suerte no existe, solo la inescrutable voluntad de quien todo lo ha hecho de la nada. La desesperanza desaparece de nosotros, solo queda la esperanza de una promesa transmitida a través de los siglos.

 

Y esa esperanza en la promesa viene como respuesta a lo que nosotros hemos sembrado. Lo prometido es el fruto de esas semillas que sin contar con nuestra participación, se desarrollan, crecen y crecen, maduran y se abren a la fecundidad más plena.

 

Pero este proceso no ocurre si no hay siembra. Si no sembramos bondad le estamos atando las manos al Dios de la Bondad, y la esperanza ciertamente se convierte en desesperanza, y la suerte del sembrador en un destino incierto del que nada siembra porque... desconoce la buena semilla que hay en este mundo.