416 - BUEN ENTENDEDOR NO PRECISA DE PALABRAS

 

 

 

 

Señor ¿te encuentras a gusto en nosotros, en cada uno?, ¿te encuentras a gusto en mí? Sé que estás, o al menos que quieres estar en nosotros, porque todo tú te nos has dado para ser cada uno, y ser nosotros tú mismo

 

“El que coma mi carne y beba mi sangre ese está en mí y yo en él…”.

 

Esa ha sido tu intención al crearnos, escogiéndonos a partir de seres evolucionados para que seamos como tú, imagen tuya, como un hijo lo es de su padre, infundiendo tu espíritu en nuestras almas.

 

Te hemos elegido libremente -hasta ese extremo ha llegado tu delicadeza, sabiendo de antemano que de muchos recibirías y recibes los más humillantes desprecios- y nosotros queremos corresponderte, ser tú mismo, a pesar de nuestras miserias.

 

Seguimos tu ejemplo y… ¡qué difícil se hace! Estamos llenos de apegos, de tópicos, de manías y ruindades, de mundanidad…, no dejamos aire para que nuestro espíritu respire, lo ahogamos. Sin embargo, tú tenías un perfecto dominio de ti mismo –hablo de cuando correteabas por Galilea- no te obsesionabas con las innumerables prácticas religiosas judías, con el dinero, con ‘tener’ cosa…, no mirabas para ti mismo, solo a los demás, sabedor de que el Padre cuida de cada uno como cuida de los pajarillos y de las hierbas del campo.

 

Pero, insisto, se nos hace muy difícil ver este mundo con tus ojos, en las circunstancias de cada uno, como tú lo mirabas, como tú nos has enseñado a mirar. Lo digo porque el equilibrio que ello requiere entre lo visible y nuestro espíritu, cae por su propio peso hacia lo material, y en muchos momentos del día se aleja de nuestro corazón y nuestra mente el mundo interior espiritual hasta quedar casi imperceptible. Parece que solo existe corporeidad y corremos el riesgo de comportarnos guiados por nuestros instintos básicos y de conformar nuestro discurrir inteligente por esa vía.

 

Dicen que de esta forma nos liberamos de supersticiones que nos han tenido encadenados durante demasiado tiempo. No son capaces de intuir lo que tienen tras de sí, y por no girar la cabeza, lo ignoran. Se han introducido en una tupida maraña que les impide ver el cielo azul, y terminan aceptando esa realidad y negando lo que no ven pero está ahí.

 

Esta negatividad, cuando me invade, estoy convencido, parte de mi incapacidad para ver el mundo como tú lo ves… Pero se contrarresta con tu acción… ¡Que sería de nosotros si no te tuviéramos a nuestro lado! No se puede expresar con palabras los sentimientos que despierta tu cercanía y tu acción en mí; los artistas se aproximan a ese sentir con su música, con sus expresiones plásticas, con su poesía, con su… dejarse llevar por ti.

 

 Pero nuestra torpeza lo estropea, y tu lo enmiendas una y otra vez y sabemos que te conformas con un roto mal cosido, con unos puntales mal colocados, con unos parches que… solo son parches. Te enterneces como una madre con su hijo patoso y balbuceante.

 

Es preciso caernos del guindo y darnos cuenta que la sabiduría no necesita el ropaje de las palabras ni de lo material. Se muestra ella sola desde nuestro interior, porque ahí estas tú y tenemos que saber ser tú mismo: tus manos, tus pies, tu sonrisa…, embelleciendo ese ropaje físico de manera que pueda llegar a ser la carta de presentación del tesoro que llevamos dentro.

 

Pero somos esclavos de nuestras ansias de vivir al margen de esta realidad y…, nos resistimos…, luchamos…, caemos…, nos volvemos a levantar… Tu sonríes y ‘buen entendedor no precisa de palabras’.