413 - IMAGINATIVO

 

 

 

 

Imaginativo, realista, crítico… Esta sería una combinación perfecta para nuestro cerebro, para nuestro equilibrio mental, siempre que las dosis sean adecuadas. Si falta una de las tres, estamos perdidos, porque no es difícil comprender las carencias personales y sociales que esas ausencias acarrean.

 

En ese caso, ¡alerta!, tenemos que ir a por ella ¡urgentemente!, a por la que falta. Si no luchamos para conseguirlo, flaco favor nos hacemos a nosotros y a los que conviven con nosotros. No exagero. Como muestra varios botones:

 

Si carecemos de la primera, el drama que conlleva la falta de imaginación nos puede encerrar en la más tétrica realidad sazonada de sospechas, aprensiones y miedos. Nos arrastra al ¡sálvese quien pueda!, a no fiarse de nada ni de nadie, escondidos entre la mayoría cayendo en las leyes ciegas del mercado, de las modas, del pensar mayoritario hábilmente manejado por seres sin escrúpulos, buscando seguridad en el propio beneficio, ignorantes de qué es lo bueno para nosotros, porque hemos uniformado la vida y el pensamiento. Sin embargo, suavizada con una inteligencia metódica, analítica y bien estructurada, se puede salvar la situación, eso pienso y deseo.

 

Si por contra solo se tiene imaginación y se carece de las otras dos, nos encontramos en la absoluta fantasía. Solo algunos niños la poseen, poco a poco van descubriendo la realidad y relacionando cosas se van capacitando para la crítica. No debemos ser infantiloides permanentes, incapaces de nada sensato; podemos caer en continuas utopías que no llevan a ninguna parte y nos mantienen dando vueltas como un tiovivo.

 

Presenta un cuadro siniestro quien quiere arreglar la realidad con imaginación, pero sin usar la crítica. Lo ideal pasa a ser lo real, y si no se consigue, termina siendo una utópica ideología, abocada a lograr la felicidad por la fuerza, dejando cadáveres allí por donde pasa: marginados, excluidos, eliminados… Nuestro suicidio personal.

 

El irreflexivo no hace crítica, se pierde en el activismo regido por sus impulsos que ni son imaginativos ni realistas, le falta sosiego y fundamentos bien arraigados, incapaz de dejar que sedimente lo bueno de esta vida…, vive en otro mundo, no en este.

 

En la combinación de los tres factores está el equilibrio, pero hace imprescindible un pensamiento utópico como factor de cambio personal y social, aspiración irrenunciable de lograr metas mejores y más justas, superando inmovilismos y tiranías, propias o venidas de fuera.

 

Un inconformismo crítico de la realidad, de lo existente, con metas y objetivos alcanzables, con la esperanza puesta en aquello que hace a la persona más humana, prescindiendo de lo que deshumaniza, detectando y aislando las injusticias, por pequeñas que nos parezcan, hasta llegar a sofocarlas definitivamente… Un inconformismo así, no deja de ser una utopía; pero tampoco deja de ser realista, puesto que la propia realidad lo requiere so pena de quedarse quieto con los ojos cerrados hacia el mal que nos rodea.

 

Da mucho juego al análisis crítico, tiene unas posibilidades ilimitadas, siempre con los pies en el suelo, en la realidad, por cruda que sea y con una imaginación despierta para todo aquello que nos humaniza y nos acerca hacia el descubrimiento de lo esencial.