411 - ¿SALDRÁ EL SOL MAÑANA?

 

 

 

 

Es una hipótesis, y me atrevo a plantear una tesis sobre ello basándome en cuestiones científicas que avalan esa posibilidad, pero hasta mañana no podré demostrarla.

 

El hecho de que mañana salga o no salga el sol, escapa a nuestro nivel de raciocinio. Me atrevería a decir: es muy difícil que salga mañana el sol, pues requeriría que se mantenga el complicadísimo equilibrio universal, es mucho mas probable el hecho de que algo falle y se rompa este equilibrio y, como consecuencia, mañana no saldría el sol.

 

En este supuesto, mañana posiblemente tampoco estaríamos aquí, ni nuestro paneta, ni… ¿seguiría existiendo el universo?, ¿y el mundo material?

 

La posibilidad de que se rompa el equilibrio cósmico es tremendamente grande, casi infinita respecto a lo contrario, es decir, que se mantenga el equilibrio actual. Un pequeñísimo fallo entre millones de ajustes que no admiten la más mínima variación, desencadenaría la catástrofe.

 

Sin embargo, todos tenemos ‘in mente’ que eso no va a ocurrir. De la misma manera que todos vemos muy normal que un árbol eche brotes y florezca en primavera y…, mira que es difícil y complicado a nada que pongamos nuestra inteligencia a funcionar: hacer brotar una flor. Nuestra capacidad de asombro quedaría desbordada aunque contemos con una deslumbrante imaginación y unas posibilidades técnicas portentosas.

 

Está claro que esa supuesta capacidad de asombro que radica en los humanos ha desaparecido, gracias a Dios, porque de no ser así, habríamos dejado de respirar desde el primer instante de nuestra existencia.

Pero la duda sigue. Más aun, crece y crece ¿hasta dónde?... Yo diría, hasta que topemos con una certeza ‘cierta’. Sin embargo, ningún humano podremos tener esa certeza que buscamos, al menos mientras habitemos este mundo conocido, pues por conocido sabemos sus limitaciones, que son muchas.

 

Una certeza cierta que sí tenemos aunque no la busquemos, es que en algún momento moriremos. Pero eso es como estar encerrado entre cuatro paredes, con suelo y techo, sin saber qué hay al otro lado. Lo cierto son las paredes, no lo de fuera, aunque tenga que haber algo fuera que sustente esas paredes, es lógico, pero nunca lo hemos visto, solo percibimos sus efectos y los palpamos con las manos, pues las paredes están ahí.

 

El universo también está ahí, sustentado, de una forma mucho más compleja que las cuatro paredes con su suelo y techo, pero quizás no exista diferencia entre las cuatro paredes y el universo, porque el asombro es el mismo, es decir, ninguno.

 

De aquí que la única posibilidad de que aparezca el asombro en nosotros no es que mañana salga o no salga el sol, mas bien, sería el hecho de salir nosotros de entre las cuatro paredes con su suelo y su techo. Lo curioso es que después, inexplicablemente,  no volvemos a entrar. ¿Por qué?

 

Difícil cuestión.

 

Planteo una hipótesis:

 

Una vez perdidas las dimensiones de las cuatro paredes -con suelo y techo incluidos- entraríamos en una situación adimensional o, si se prefiere, multidimensional. No necesitamos llegar a lo más profundo ni recorrer toda su anchura ni subir hacia lo alto…, tendríamos todo el universo y los infinitos universos sin necesidad de tiempo para recorrerlos, pues estaríamos en todo y todo estaría en cada uno de nosotros…

 

Una hipótesis muy arriesgada, pero lo cierto es que engancha porque nadie vuelve a las cuatro paredes -con suelo y techo -, ni al microscópico lugar que ocupábamos en este universo, nadie ha querido volver para contar lo que ocurre ‘fuera’. Así como nadie sabe si mañana va a salir de nuevo el sol, como ha salido hoy y ayer y antes de ayer; por lo mismo tendré que demostrar mi hipótesis, o… esperar a salir yo mismo, y después… ¡prometo volver para contarlo!

 

Prefiero no esperar y plantear mi tesis no vaya a ser que me ocurra como a todos: que me quede allí para siempre. En fin, que no me apetezca en absoluto volver a meterme entre las cuatro paredes -con suelo y techo- ni volver a ocupar mi microscópico lugar en este universo.

 

Tesis:

 

Analizo una primera posibilidad: recurrir a la imaginación y la fantasía de las que no estamos sobrados, pero tampoco escasos. Llenamos un espacio entre la vida real y los deseos de nuestro corazón insatisfecho, lo ocupamos con ficciones que alargan y ensanchan esta vida. También nos la elevan, pero eso es más difícil y, de todas maneras seguimos usando las tres dimensiones, sin salir de entre las paredes con su suelo y techo. Seguimos donde estamos, con nuestras frustraciones y nostalgias, con nuestro querer ser de otra manera, vivir de otra manera, con nuestro inconformismo que… siempre es un paso adelante.

 

Analizo una segunda posibilidad: nuestra caja -por llamar así a las cuatro paredes en que estamos ocluidos, con su suelo y techo-, nuestro minúsculo lugar en medio del inmenso universo, nos seduce. Reducimos nuestra racional existencia a seguir las leyes que dictan los instintos de conservación y propia complacencia. Nuestra caja se vuelve más interesante, ¿para qué apetecer salir de ella? De todas formas, si nos sacan ya veremos qué intención guía al entrometido.

 

Y una tercera posibilidad: vivimos en un mundo muy reducido que parece estar comprimido, pues las posibilidades son enormes aunque seamos incapaces de expansionarnos por nuestra propia fuerza y voluntad. Necesitamos una intervención externa, al menos un manual que no poseemos y… se hace imprescindible en nuestra situación.

 

Mi tesis se centra en este tercer supuesto. Necesitamos una ayuda externa. Quizás se produzca y… no nos guste, no es como imaginábamos, no la entendemos o, simplemente no le hacemos caso, la despreciamos. Tenemos que ser humildes y reconocer que, de producirse es sobrevenida, con independencia de nuestro limitado parecer. ¿Sorpresa?, ¿de qué?, ¿nos sorprende la luz cuando aparece iluminando lo que no vemos?

 

Un paso importantísimo es ver, otro es aplicar la razón a lo que vemos y otro es elaborar nosotros ese manual que nos guie, ya que con nueva e importante información, el asunto cambia mucho.

 

Y esa nueva información proviene del exterior de nuestra caja, tenemos conocimiento de que se ha producido y de su contenido. Una primera sorpresa es que fuera de nuestra caja el espacio-tiempo desaparece, por decirlo de otra manera, no existe, solo existe dentro de la caja, solo en nuestro universo conocido. De aquí se puede deducir que la materia tal y como la conocemos, necesitada de espacio y tiempo, tampoco existe.

 

Desprendidos de todo esto ¿Qué queda de nosotros?, ¿Qué podemos hacer en ese mundo tan diferente al que conocemos dentro de la caja?

 

Nadie ha vuelto de allí, repito, por algo será, y sabemos que todos los que nos han precedido viven en ese lugar -por llamarle de alguna manera- sin las leyes físicas que nos atan aquí, en nuestra reducida caja. También sabemos que conocen nuestro mundo actual con mucho más detalle y profundidad que nosotros y que ellos mismos cuando estaban aquí.

 

Intuyo, que viven plenamente este mundo y el otro, mientras nosotros solo vivimos este mundo y con muchísimas limitaciones; que conocen en su totalidad la verdad de cuanto existe, sin mermas ni carencias que ya no tienen.

 

Y si este es su estado, permanente y eterno, puedo responder a la primera cuestión antes planteada: ¿Qué queda de nosotros? Una vez fuera, dentro no queda nada, solo nuestros viejos ropajes. Y a la segunda: ¿Qué podemos hacer en ese mundo tan diferente al que conocemos dentro de la caja? Todo.

 

Entonces deduzco que si no queda nada de nosotros dentro de la caja salvo lo caduco y corruptible, todo lo que somos, sentimos, anhelamos, nuestro arte, nuestras obras…, en definitiva, nuestro amor, traspasará fronteras adoptando una ligereza inimaginable para acceder a la perfecta sabiduría.

 

Y puesto que todo eso es abarcado por el amor, en definitiva es el amor el que permanecerá hasta el infinito, que también es el origen de todo, desde siempre, la causa de nuestra existencia en este primer mundo y de la mano tendida para salir de la caja, del minúsculo lugar que ocupamos en el universo, es la causa de nuestro explosionar hasta abarcarlo todo, liberándonos de toda atadura, causa del deseo profundo e irreversible de trascenderse uno mismo hacia otros, de multiplicar hasta el infinito la propia existencia en la perfección del bien.

 

Puedo seguir desarrollando mi tesis mucho mas, puedo pasar al siguiente y definitivo tema que es demostrar lo argumentado hasta aquí.

 

Quizás opte por esperar a salir de entre las cuatro paredes con suelo y techo para demostrar mi tesis, al igual que he optado esperar a mañana para demostrar que el sol vuelve a salir otra vez.

 

Buenas noches y buen amanecer.