410 - CHORICEANDO, SIN PERDÓN

 

 

 

Por desgracia nadie es perfecto, basta repasar la lista de los pecados considerados capitales, siete, los primeros, de los que emanan nuestras imperfecciones. Entre ellas se encuentra el afán de choricear -sin perdon- a poder ser a manos llenas.

 

¿Cómo afecta a nuestro sufrido mundo? Supongamos, siendo optimistas, que el 10% de los humanos no tienen inconveniente en saltarse a la torera lo ético y lo moral por el vil dinero. En una organización formada por 1.000 miembros, 100 serían chorizos -sin perdón-, manzanas podridas entre las sanas... contaminando a todas con sus manejos…, a no ser que se las aísle o, mas rotundamente, que se las estirpe como a un mal virus.

 

“Todo el mundo es bueno”, una gran mentira que ha sembrado estragos entre ignorantes confiados. Ha corrompido a más no poder hasta a las personas más incorruptibles. Porque el ‘chorizo’ no solo roba nuestro pan de cada día, nos roba el alma, y si le dejamos, elimina de nosotros la posibilidad de ser personas honradas, normales, como cualquier hijo de vecino.

 

El afán de lo ajeno se extiende en ellos hasta lo inverosímil: la honra de otros les enloquece cuando pierden la propia, desvistiendo al inocente para tapar sus propias ruindades.

 

Siempre han existido, siempre existirán, pero, estoy convencido, terminarán en una jaula todos juntos, desnudos, expuestos a las miradas de todo el mundo…

 

Porque la verdad emergerá, las vergüenzas ocultas quedarán al descubierto, desaparecerán las ‘tapaderas’ que tanto aprecian, lo opaco se volverá transparente sin opción de retorno al ocultamiento, nuestra realidad será gozosamente nítida en un mundo de todos, de cada uno, donde el amor verá cumplidas sus aspiraciones, con los medios imprescindibles pues…, lo demás no deja de ser un estorbo, aunque algunos usureros siempre estén dispuestos a ‘choricearlo’, sin perdón.