402 - PURIFICACIÓN

 

 

 

Los frutos de nuestra vida serán abundantes y sabrosos con la purificación interior. No consiste en la insensatez de abrigarse cuando hace calor o desprenderse de ropa cuando hace frio… terminaremos asados o constipados. No, más bien, nos purificamos al “perseverar pacientemente en la comunión con el Señor a través de todas las vicisitudes de la vida”, palabras de Benedicto XVI.

 

Esto, aunque parezca sencillo, es difícil y requiere constancia y esfuerzo por sembrar la bondad y la paz que Jesús nos enseñó, momento a momento, en nuestra familia, en nuestro lugar de trabajo, en cualquier lugar donde nos hallemos y con toda persona que tengamos al lado. No hacen falta cosas raras, solo pequeños pasos, minuto a minuto, por imitar el buen hacer que Jesús nos enseñó con su palabra y su vivir, domando la fiera que llevamos dentro.

 

El esfuerzo constante, con tesón, levantándose en las caídas, sin sucumbir al desánimo, ofreciendo el hombro al desvalido y el brazo firme al tambaleante, esto, llegaría a ser en nosotros y en nuestro entorno una anticipación del cielo en la tierra.