400 - LA VIRTUD DE LA INOPORTUNIDAD

 

 

 

 

La inoportunidad muy poco tiene de virtud… Para ser sincero, somete a prueba la paciencia de nuestros compañeros de viaje, constantemente, impasiblemente, sin descanso alguno…  Martilleo continúo en nuestro cerebro, en nuestra inteligencia racional metódica que quiere ser ordenada, poniendo a prueba nuestro sistema nervioso y nuestra emotividad.

 

Si algo tiene de virtud es para el que la sufre y por extensión para el inoportuno, compulsivo incorregible que sufre cuando hace sufrir, porque… siempre llega tarde o a destiempo. Sabe que es un ‘metepatas’ y lo seguirá siendo toda su vida, pues cuando intenta corregirse cae del lado contrario. ¡No tiene remedio!

 

El inoportuno consigue que cuando abre la boca otros echan a temblar, y si no va corrigiendo su inoportunidad hasta hacer de ella una virtud, sentirá con mayor virulencia el hecho de estar casi siempre en lugar equivocado, sentirá el momento que está viviendo como un momento erróneo, sentirá el rechazo de estar con la persona inadecuada…, un deseo tremendo de aislamiento, con la convicción de que este mundo no es el suyo.

 

¡Una pena!.. Todos los momentos, todas las personas, todos los lugares son ‘únicos’ en nuestra vida…, son ‘oportunidades’ que se nos ofrecen una sola vez y si nos invade el rechazo, las perdemos para siempre.

 

Se hace necesario convertir la inoportunidad en virtud… ¿Cómo?... Esa es la cuestión.

 

Como he dicho, el ‘metepatas’ sabe de su condición, la sufre, pero casi siempre cae del lado contrario cuando intenta corregirse. No hay que tener miedo, basta con enfrentarse a ello frenando en la mitad ante una precipitada corrección, sin arriesgarse a repetir el desacierto.

 

Reírse de uno mismo en ese momento brinda la oportunidad de situarse en el centro de la escena. Un gesto, una palabra serena, pueden crear sentimientos muy diferentes hacia nuestra conducta y poco a poco nos puede colocar en el camino de convertir la inoportunidad en una virtud.

 

Mejor hablar menos que más, huyendo del ‘hablar por hablar’, esperando el momento oportuno…, ejercitando el ‘saber estar’… con una sonrisa y mucha paciencia con uno mismo.

 

¡Ánimo!