394 - EL SUFRIMIENTO EN LA SOCIEDAD DEL BIENESTAR

 

 

 

 

En Hebreos 4, 15 nos dice San Pablo que Jesús ha sido “probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado”. No menciona el sufrimiento. Jesús no se ha librado de sufrir, incluso más, se ha abrazado a la cruz, la ha experimentado en toda su crudeza.

 

Sufrimiento…, no creado en un inicial mundo perfecto, sobrevenido por el pecado humano y no solo a los humanos, a toda la naturaleza abarca el mal inducido por nuestra soberbia, nuestro irreflexivo engreimiento.

 

Por el pecado vino la muerte y la destrucción, y como una enfermedad infecciosa se extendió a toda existencia material, amordazando al espíritu humano.

 

Pero el sufrimiento es como un antibiótico que elimina en nosotros ese mal y repone el bien perdido. Por eso Jesús sufrió y su dosis de sufrimiento es infinita, logrando reponer un bien infinito, administrado a través de los Sacramentos.

 

El sufrimiento nos coloca en otra dimensión de nuestra existencia personal. La felicidad que da el bienestar no se basta a sí misma, no llega a valorar en profundidad lo que se pone a prueba con el dolor y el sufrimiento, donde, de una manera que escapa a nuestra razón sale lo bueno que Dios ha puesto desde siempre en nuestro ser.

 

¿Qué es, pues, la sociedad del bienestar?

 

Es un medio camino que no llega al final, se queda en lo banal, caduco y placentero y no continua subiendo por las sendas del espíritu hacia la meta de toda existencia humana. Prescinde y desprecia el sufrimiento, yo diría que de manera obsesiva. Lo rechaza como si no fuéramos nosotros mismos sus causantes, por lo que evita reflexionar sobre su capacidad regeneradora del bien.

 

Nuestra falta de sensibilidad se suma a nuestra desgracia: arrastrarnos por el mundo sin querer levantarnos para mirar a lo alto de nuestra dignidad, donde encontramos respuestas a muchas preguntas…, y el bien anhelado, no el que engañosamente creemos poseer pero nunca sacia, siempre se deteriora, y acaba en un desconocido mundo oscuro.