393 - ILUSO

 

 

 

Las ilusiones -esas fantásticas imágenes que los sentidos me sugieren- van descubriendo valores que hay en mí y que debo potenciar o simplemente evitar. En muchos casos bastaría con mostrarme indiferente ante ellas, pero eso requiere madurez de la voluntad que pocos consiguen. No es mi caso.

 

Una ilusión no deja de ser una distorsion de mi percepcion sensorial; por eso mismo, cuando algo me ilusiona, debo parar a profundizar en esa repentina subida del deseo, reflejo de la fuerza que ha adquirido en mí un redescubierto valor en potencia...

 

Ciertamente, puesto que me ilusiona tiene un gran valor para mí, pero ¿es un valor sólido o efímero?... Esa es la cuestión.

 

A veces la realidad nos sobrepasa, nos desborda, nos bloquea emocionalmente… y la eludimos. En muchos casos la suplantamos por irrealidades que, a lo más que llegan es a ser posibles…, pero nos ilusionamos con ellas, van adquiriendo cuerpo y…, nos descentran de nuestros ineludibles deberes.

 

Entonces dejamos de ser diligentes,  ‘diligere’: haz lo que debes y está en lo que haces, no en otra cosa, o en varias a la vez, o en lo que vas a hacer después… más tarde… mañana… nunca, despistados con el pensamiento en ilusiones vanas.

 

El iluso flota en el mundo que  habita, se mantiene gracias a las miradas y aplausos de otros, elude la objetividad en un mundo difícil de comprender y se aísla en sus pequeñas burbujas.  Busca lo inmediato, lo exitoso y por ello placentero, la inspiración en un arte que a veces solo él comprende, las emociones que nada solucionan, pues no surgen de un acto positivo de buscar el bien en la bondad de toda acción humana.

 

Si nuestras ilusiones se centran en logros y conquistas cotidianas, muy nuestras, asuntos que nos acompañan todos los días, con nuestra familia, nuestro trabajo, en nuestro entorno de relaciones y vivencias…, entonces podemos decir ¡hemos triunfado!, o al menos ¡estamos en ello!

 

Cuando la ilusión proviene de algo que anima nuestra voluntad al bien desinteresado, generoso y afectivo, la emoción que provoca es ‘autentico arte que trasciende de nosotros mismos’, creación humana que escala hacia lo alto en nuestras infinitas posibilidades.