391 - RESPETOS HUMANOS

 

 

 

¿Por qué nos cuesta tanto hablar de Dios, o mostrar que somos cristianos?

¿Por qué hacemos con disimulo algunas prácticas de piedad, como si nos avergonzara ser vistos por compañeros o personas conocidas?

¿Por qué nos cuesta hablar de virtudes humanas o cristianas y sin embargo fanfarroneamos de vulgaridades?

¿Por qué postergamos nuestros compromisos con Dios al mínimo contratiempo?

¿Por qué no somos sinceros con los demás, que saben nuestra condición de creyentes, respecto a nuestra fe?

¿Por qué nos acobardamos ante el ambiente de descreimiento?

¿Por qué somos condescendientes con posturas objetivamente erróneas?

¿Por que a veces somos transigentes con la mentira o la falsedad?

¿Por qué nos callamos ante injusticias que deberíamos denunciar?

¿Por qué escurrimos el bulto ante situaciones que deberíamos afrontar?

¿Por que dejamos que se vapulee a la Iglesia, al Papa, a nuestras convicciones, sin dejar clara nuestra opinión?

Se silencia a Dios, es una táctica del maligno y no podemos seguir su juego sirviendo a dos señores: a Dios y a uno mismo.

Dios estorba en muchos ambientes, y no debemos engañarnos: “En verdad os digo que si no os volvéis y hacéis semejantes a los niños -en la sencillez en la inocencia y en la fe absoluta en el Padre Dios- no entrareis en el Reino de los Cielos”.

Es una invitación a la autenticidad y a la sencillez, conociéndonos como en realidad somos, para luchar por ser como Dios quiere que seamos.