382- MERECE LA PENA DEJARLE ENTRAR

 

 

Merece la pena cualquier sufrimiento como le mereció a Jesús hasta conseguir del Padre que nos enviara su Espíritu, antes de exclamar “todo está consumado”. La Iglesia por Él fundada no subsistiría sin su Espíritu, no tendría el don de la fortaleza para oponerse e los designios del ‘mercado’ que democráticamente establecen el entretenimiento masivo desde nuestra irrenunciable comodidad, desviándonos de toda otra ‘irrealidad’, sucumbiendo ante sus consignas.

 

Merece la pena el esfuerzo de conformar nuestra sociedad con la inestimable ayuda del Espíritu, que centra nuestros anhelos en lo realmente valioso con el don de sabiduría que nos lleva al entendimiento de nuestro mundo, de sus realidades y misterios.

 

Merece la pena levantarse sobre las miserias en que nos han zambullido nuestros deseos materiales, sordos y ciegos al Espíritu que nos habla de múltiples y diversas formas para hacerse entender por nuestras mentes perezosas. Nada podíamos desde esta limitada suficiencia. A todo llegamos con la ciencia que infunde el Espíritu, juzgando con verdad, sopesando la injusticia en las situaciones de la vida, desprendidos de toda avaricia para cubrir las necesidades propias y ajenas, para organizar el ‘bien de todos’, no el de ‘unos pocos’.

 

Merece la pena analizar el espectáculo de nuestro mundo y nuestra historia con las nuevas luces del Espíritu, conocedores como somos de los gozos y angustias que padecemos los humanos.

 

Merece la pena renunciar al pegajoso y sofocante materialismo que nos oprime, para poder recibir la brisa y la luz de la verdad, clara y simple, hacia donde nos orienta el Espíritu. Para llegar a cubrir nuestras necesidades de manera inteligente acorde a nuestra capacidad real y no a la que nos vende el consumismo desacerbado.

 

Merece la pena liberar nuestra mente de ‘slogans’, publicidad por doquier… “soy un anuncio ¡mírame! o te perseguiré allí donde te escondas…”, necesidades ‘innecesarias’, prometedoras satisfacciones ‘insatisfechas’, ofertas de felicidad ‘sin límite’, temores… “no seas un consumidor distraído… ¡escúchame!”, y un largo etc. Lograremos un hueco en nuestra vida para que pueda entrar el Espíritu.

 

Merece la pena ¡en fin! seguirle en la verdad, único camino que lleva a la bondad perpetua, en estos tiempos y en los venideros, donde permanecerá para siempre y desaparecerán los engaños, seducciones, fingimientos y apariencias de este nuestro mundo.