374- CREO PERO NO PRACTICO

 

 

¡Creo pero no practico!..., es un contrasentido.  En realidad habría que decir ¡no practico porque no creo!

¡Ni creo ni practico!..., es coherente. Se vive como se cree, lo demás es esquizofrenia.

¡Practico pero no creo!..., es otro contrasentido. Soy lo que vulgarmente se llama un ¡meapilas!..., golpes de pecho como los fariseos pero con la mente en mi propio y exclusivo interés.

¡No vivo lo que creo!, eso es más sincero cuando así lo reconocemos. De otra forma, no vivir lo que se cree es la negación de uno mismo, negación que ignoramos justificando nuestra actitud con la primera frase ¡creo pero no practico!

Si en realidad creemos conocer a Jesús, pero nos da miedo seguir el camino de la cruz, porque no entendemos su Cruz, porque no caminamos en su Iglesia..., terminaremos despreciando ambas cosas y… olvidándonos del Dios que ha venido a nosotros.

Creer es aceptar la verdad, abrazarla, hacerla vida propia, caminar por sus sendas. Solo algunos personajes –léase por ejemplo los políticos- son capaces de creer y actuar como si no creyeran, de manejar, vestir y transformar la mentira en algo convincente y… terminar creyendo en ello, pues al fin y al cabo, ¡todo es relativo!..., dicen.

El relativismo, indiferente al destino humano, no deja de ser una cómoda perversión de lo que tiene legitimidad en esta vida. Transforma lo frio y lo caliente en tibio, el arco iris en un único color gris, la luz y la oscuridad en penumbra, la pasión en indiferencia, lo masculino y lo femenino en neutro…

Es preferible no creer a creer con condiciones. La inmensidad no cabe en uno mismo, sería insensato pensar lo contrario.