368- MENTALIDAD DE POSGUERRA

 

 

 

Cuenta Leopoldo Abadía que debemos afrontar esta crisis económica con mentalidad de posguerra. De entrada me sorprendo, pues no tengo la sensación de que haya habido una guerra, pero… reflexionando he descubierto que, efectivamente, no hemos tenido una guerra destructiva de vidas humanas y bienes materiales, de odios y visceralidad extrema, de hambrunas y carencias de lo mas básico, de situaciones irracionales donde el humano se devora a si mismo...

 

No, no hemos tenido –gracias a Dios- ese tipo de guerras que tanto han hecho y hacen sufrir a la humanidad a lo largo de su historia –que no es de antes de ayer-.

 

Sin embargo, pienso que ha habido y sigue habiendo una guerra que se podría definir casi de la misma manera - destructiva de vidas humanas y bienes materiales, de odios y visceralidad extrema, de hambrunas y carencias de lo mas básico, de situaciones irracionales donde el humano se devora a si mismo...-, una guerra más sutil y civilizada pero tan dañina, si no más.

 

¿Para qué destruir una ciudad con todos sus moradores si la puedes asfixiar ahogándola en sus recursos económicos básicos?, al fin y al cabo es un sometimiento a voluntades ajenas, tan eficaz como los de antaño, sin meter ruido –me refiero al ruido de cañones y espadas acompasados con gritos desgarradores- del que ensordece nuestra sensibilidad auditiva.

 

El ruido es otro: el de los especuladores con nuestro trabajo de años, convertido en papel moneda, o solo en dígitos, para mas fácilmente especular, que con muy buenas intenciones ‘nos lo han birlado’ escudados –detrás de un escudo, como en las guerras de siempre- en los grandes beneficios, en los grandes endeudamientos, en el consumo a cuatro manos.

 

Todos entendemos perfectamente esta guerra, y sus dramáticos resultados.

 

Un euro doy todas las mañanas a un ‘carpintero de la construcción' que me tiende la mano con cara de... buena persona -y lo es también por dentro, os lo aseguro-; con unos centimillos mas que le da un colega se toma un café. Mas tarde, si hay suerte, consigue para una barra de pan, y si le introduce unas pocas rodajas de chorizo, ese día es ‘el genial tío Charlie’. 

 

Es dura la posguerra para él, como para otra señora impecablemente vestida, culta, con la que es una delicia conversar, que duerme en el cajero de la esquina enfundada en su saco.

 

Dura la posguerra y admirable la dignidad con que la llevan estas y otra infinidad de personas, cada cual a la manera que puede.