366- COMO FRUTO SABROSO

 

 

 

”Así dice el Señor Dios:
- Si el malvado se convierte de los pecados cometidos y guarda mis preceptos, practica el derecho y la justicia, ciertamente vivirá y no morirá.
No se le tendrán en cuenta los delitos que cometió, por la justicia que hizo, vivirá.
¿Acaso quiero yo la muerte del malvado, y no que se convierta de su conducta y que viva?
Si el justo se aparta de su justicia y comete maldad, imitando las abominaciones del malvado, ¿vivirá acaso?; no se tendrá en cuenta la justicia que hizo: por la iniquidad que perpetró y por el pecado que cometió, morirá.”

                               -Profecía de Ezequiel 18,21-28-

 

Dios parece injusto en esta profecía, pero... por sus frutos los conoceréis ¿Hay alguna otra forma de mostrar lo que somos? ¿Con buenas palabras? ¿Hay alguna otra forma de conocer lo que uno es?...

 

Un buen naranjo es bueno solo porque da buenas y sabrosas naranjas. ¿Hay otra cualidad que haga bueno a ese naranjo? ¿Que da buena sombra?... en todo caso, serían cualidades de orden muy inferior.

 

¿Y si la naranja a punto de madurar, se seca?

¿Y si la naranja, tardía y raquítica, a última hora se robustece, se llena de sabroso jugo y madura?

 

Recapacitemos:

 

En nuestra vida solo cuenta la continua y perseverante maduración de nuestra alma, hasta llegar en sazón a presentarse en la mesa del Gran Rey…, como fruto sabroso, espléndido, en su mejor momento…, aunque la vida nos haya zarandeado por derroteros muy dispares a unos y a otros.