365- UNA HISTORIA INEFABLE

 

 

Dios creó al ser humano, lo creó libre, a su imagen y semejanza.

Pero el humano libremente prefirió un dios a su propia imagen y semejanza...

Como Dios no se acomodó a su capricho, el humano inventó su dios, mejor dicho, sus dioses, a gusto de cada uno.

 

Negándose a asumir el mundo creado, espiritual y material, el humano se proveyó de uno propio basado en lo terrenal..., frágil y contradictorio.

Invocó a los espíritus mediante ritos y magias, reclamando sus favores.

Y de esta manera, los espíritus del mal introdujeron su acción en el mundo, pisoteando la bondad original del humano.

 

Surgió entonces ‘la babel’, y comenzaron nuestras incomprensiones, nuestras peleas... Comenzó nuestro drama.

Nos creó Dios más excelsos que los ángeles y nuestro orgullo nos relegó a la inmundicia.

Nos creó fuertes e inteligentes y nos hicimos débiles y confusos.

 

Pero la Luz volvió a brillar en el firmamento humano.

Como una madre, a Dios se le fue el corazón tras la debilidad de sus hijos errantes.

Se abajó a nuestro barro, y nos limpió los ojos para que pudiéramos verle.

 

“Dios... tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles” (Hebreos 2, 16)...

Pues los ángeles habitan el Reino de Dios, no así los humanos.

 

Y Dios volvió a mostrar y prometer su reino a los humanos.

Jesús es testimonio en primera persona, veraz y suficiente.

La luz que ha venido de oriente.

La recuperada claridad de nuestra visión no necesita mas pruebas.

 

No, nuestra libertad quedaría limitada, y esa... no es la intención de quien nos ha engendrado a la vida.

Porque es Padre y Madre que bien conoce y quiere a sus hijos, pero no se adueña de sus voluntades.

Desea nuestra lealtad y fidelidad

Nuestra libre correspondencia al infinito don del Amor

 

Estamos en los ‘tiempos de Dios’, y...

“El que no está en condiciones de admirar o asombrarse, está muerto”. Dice Albert Einstein.

Porque si estuviera vivo sería arrastrado de inmediato por su propia vitalidad a disfrutar y participar de estos tiempos. Digo yo.

 

Los tiempos en los que Dios ha entrado en este mundo, desde el momento que asumió nuestra limitada condición humana y se hizo ‘pequeño’.

Se puso a nuestra altura endiosando nuestra vulgaridad, iluminando nuestras ‘cloacas’.

Pues hasta este momento éramos ‘zombis’ depredadores del espíritu humano, éramos vulgares ‘carroñeros’ de lo que tenía vida.

 

Pero el Eterno ha entrado en el tiempo.

Y los muertos han revivido deslumbrados por la luz que de Él emana.

Y han visto con sorpresa como la luz se derramaba por todo mundo animado e inanimado.

 

Atónitos ante este nuevo derroche de color y belleza, muchos se desplomaron escépticos.

Volvieron incrédulos a la más absoluta oscuridad, a su estado invariable.

¡Solo creen en su mundo!..., una oscura realidad que se va...

 

Pero otros admiraron esa luz y descubrieron con asombro que ‘lo mío’ es mezquino y ‘lo suyo’ eterno.

Saliendo de sus madrigueras, y atraídos con arrolladora fuerza comenzaron a caminar hacia la luz.

Iniciaron un largo periplo lleno de sorprendente colorido.

 

El sol sale por oriente

Envolviendo las tinieblas de occidente

Entre Mesopotamia y Egipto

Se materializa un encuentro

 

Lugar de confluencia de Dios con los humanos

Lugar donde la luz se funde con el barro

Donde se muestra el rostro de Dios:

El hermano

 

Tras mucho clamar y reclamar a Dios su venida

Se abajó hasta nosotros

Quedando oculto nos hicimos iconos suyos

Su rostro humano en el mundo

 

Liberados de la esclavitud del barro

Por sus obras, nuestras obras

Expandidas desde oriente

Globalizadas desde occidente