364- NUESTRO COMPORTAMIENTO CON LOS DEMÁS

 

 

Nuestro comportamiento con los demás hace aguas...

 

“A todos nos gusta pensar que somos personas tolerantes, flexibles, con una mentalidad abierta, que hemos superado el racismo y el machismo, pero, ¿es realmente así? Cuando valoramos negativamente a una persona o colectivo, sin una base auténtica y lo hacemos en base al estereotipo que tenemos de él, entramos en la tiranía de los prejuicios. Y uno se pregunta: ¿por qué damos por válida, una visión distorsionada de la realidad? La respuesta sería sencilla. Porque tenemos una tendencia innata a creer que lo nuestro es lo mejor.” (Antoni Pedregosa en Forum Libertas –leer-)

 

Y finaliza:

 

“...la legítima valoración de aquello que es propio, no debe incluir el rechazo de lo que es diferente.”

 

Porque dependiendo de quien venga, es digno de ser considerado, pensando en las motivaciones ‘que se nos escapan’ de su actitud o comportamiento. En todo caso puede ser una luz para nosotros que mejora nuestro conocimiento de la realidad.

 

Es menor el daño que el engaño hace a nuestra alma, que dudar sin motivos fundados. Ser avaricioso ‘por sistema’ sin pensar si ‘tu’ lo necesitas mas que ‘yo’, es, cuando menos antisocial, y cuando mas, inhumano.

 

Y esta falta de humanidad nos lleva a no entender la vida ni el mundo en que vivimos, pues reducimos la visión que de ellos tenemos a nuestra exclusiva percepción. Llenamos nuestras vidas de ‘complacencias’ que no nos dejan ver el bosque ya que solo vemos los árboles de al lado..., porque no queremos elevarnos sobre ellos para adquirir una mas extensa perspectiva...

 

Pues somos mujeres y hombres de carne y hueso, pero también de espíritu, y el espíritu purifica nuestro comportamiento, elimina nuestros prejuicios aumentando nuestra empatía, nuestra capacidad de ‘sumergirnos’ en el corazón de los demás para intentar comprender...

 

Una propuesta: leer la vida de Jesús contemplando su comportamiento humano. Amaba incluso a las personas que no le agradaban, que le acosaban, le calumniaban, le torturaban..., porque conocía su interior, e implicaba sus sentimientos.

 

Cuando se ama lo que se llega a conocer, desaparecen el fanatismo y la intolerancia; se comprende, se disculpa, se perdona.