356- UNA PEQUEÑA LUZ

 

 

 

¿Como queremos los cristianos iluminar el mundo entero con la luz de nuestra poca fe, una pequeña llamita que a veces mantenemos escondida..., por miedo? Miedo..., pero ¿a que?... ¿A que un suave soplo de brisa la apague?

 

Si nos desprendemos del egoísmo proteccionista de nuestro ‘yo’ y de nuestra ‘indiferencia’, abriendo el corazón a las tormentas y bonanzas exteriores, seguro, en medio de la oscuridad nuestra pequeña luz se hará visible, al menos para el que tenemos al lado.

 

Y crecerá y crecerá emocionada al contemplar esa inmensidad creada por nuestro Padre para los humanos. El fuego se extenderá a los demás comunicando luz, comunicando comprensión... y nos volveremos solidarios, y compartiremos lo nuestro, lo de cada uno...

 

“Cualquier pequeño gesto de bondad es como una luz..., junto con las otras luces ilumina la oscuridad de la  noche, incluso de la noche mas oscura” –Benedicto XVI-

 

Nos asusta ‘la nada’ al final de nuestro oscuro mundo que se acaba... Pero nos aferramos a la promesa de Jesús: detrás de ese final, Él nos espera, con todos los que se han dejado iluminar por esta pequeña luz de esperanza, la esperanza de todo humano, sin excepción..., pues aunque vivamos inmersos en veleidades que absorben por completo nuestro ser... la pequeña llama está ahí.

 

Surge en el interior de nuestro corazón, y cuando ese corazón enamorado se abre al exterior, se expande y crece... se convierte en auténtica luz que ilumina, en antorcha que propaga su ardor, en fuego que consume todo lo inútil... y nos purifica, y nos hace dignos del verdadero Amor.