353- SEDUCIDO POR LA AURORA

 

 

“Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz. Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido realizar” (Juan 5,35-36).

 

También había dicho Jesús de Juan: “El mas grande de los hombres nacidos de mujer”. Juan se alegró de la cercanía de Jesús cuando estaba en el vientre de su madre, mostró su júbilo de la única forma posible para él: 'dando saltos de alegría'. En otro momento, en el Jordán, se declaró indigno de desatarle las sandalias de los pies a Jesús...

 

Sobrecogen estos hechos. Se preguntaban sus parientes y vecinos ante los signos que acompañaron su nacimiento: "¿qué será este niño? Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él.” (Lc 1,66).

 

Juan es el lucero del alba, visible antes del amanecer, antes de la suave aparición de la luz que se va desplegando con toda su magnificencia sobre una humanidad... deseosa de ver.

 

Es la sencillez de lo aparentemente efímero.

 

Breve y fugaz como el rayo que atraviesa nuestro corazón y... nos despierta del atolondramiento. Y nos incorporamos mirando al horizonte para “gozar un instante de su luz”

 

Luz de un lucero que se diluye envuelto y seducido por la aurora.

 

Y se funde amorosamente con el amado... que llega y va llenando todos los corazones... hasta rebosar.

 

Y crece, y no para de crecer

 

En los días de la dicha, en los días sucesivos, en nuestros días, en los venideros..., en toda la eternidad.

 

Hasta llenarlo todo y para siempre.

 

De clara luz, de infinita ternura.