349- LA ANSIEDAD NO ESPERA

 

 

No espera porque todo lo desea, y elimina de nuestra vida el sosiego necesario para recapacitar que... somos muy limitados, intelectualmente, físicamente..., que el tiempo de que disponemos también es muy limitado, como limitados son nuestros actos. Todo ello nos crea ansiedad, un círculo vicioso que se acelera a sí mismo en una espiral sin fin. Da vueltas y más vueltas comprimiéndonos cada vez más hasta explotar en mil pedazos...

 

Parece que no tiene solución, que no hay forma humana de ‘cortar a tiempo en el lugar preciso’..., y recuperar la calma... relajarse y... vivir.

 

No es posible cumplir todos nuestros deseos en esta vida, y los convencidos de que todo acaba aquí se empeñan en ‘triunfar’ aquí, en conocer, saborear y sentirlo todo antes de que se esfume... Este ansia no les permite encontrar la paz de espíritu necesaria para percibir que, aunque somos muy limitados ‘aquí’, ‘allí’, al doblar la esquina de nuestra vida, seremos ilimitados, porque así nos ha sido prometido.

 

Solo las personas de fe pueden cortar ese círculo sin fin para ponerle un final.

 

Tras esa esquina, seguiremos siendo como ‘aquí’, con las mismas ilusiones puestas en los mismos objetivos, pero sin la rémora de la falta de conocimiento y sabiduría que nos ha llevado a la malvada ansiedad, pues todo lo poseeremos y lo disfrutaremos sin límites. No desearemos nada.

 

Pero... nuestras ilusiones de ‘aquí’ se verán colmadas ‘allí’, y si nuestras ilusiones son mezquinas nos veremos colmados de ‘mezquindad’. Si aquí deseamos conocer todos los rincones del planeta, allí los conoceremos al instante, viviéndolos en presente, sin tiempo que limite los momentos.

 

Desaparecerá la ansiedad, pues todo lo que ahora deseamos lo tendremos, dado que ‘allí’ se acabará el tiempo limitador de estos deseos...

 

Y entonces nos preguntaremos: ¿Deseábamos eternidad?

 

Quizás nuestra ansiedad no nos lo ha permitido...