346- NAVEGAR CON RUMBO

 

 

Cuando intervienen la razón y la verdad, no caemos en la ofuscación ni el autoengaño, porque somos conscientes de la inmensidad recibida gratuitamente y el poco tiempo que disponemos para corresponder, al menos con una mirada por encima de lo terrenal.

 

Y le descubriremos en nuestros acontecimientos más triviales y cotidianos; descubriremos a Dios velando nuestro caminar, inspirando nuestro entendimiento. Y cuando en algún momento nos caemos y vienen los temores, escucharemos su voz en nuestro interior "no tengas miedo, soy yo"... Él está detrás de ese suceso, siempre velando por nuestro bien, siempre pidiendo nuestra aceptación, nuestro abandono en sus manos, porque, en realidad... Él sabe más, y solo espera un detalle de amor de nuestra libre voluntad de amar..., con mirada limpia..., para continuar navegando a nuestro lado.

 

Nuestro objetivo es llegar a buen fin, no sirve solo vivir la vida, hay que elegir buen camino y caminar atento; elegir buen rumbo y asirse fuertemente al timón para mantenerlo. Cuando noto en mi alma que no tengo a Dios presente en todos mis actos, ya le estoy perdiendo, me voy quedando sin luz, sin brújula..., me perderé yo también.

 

Aunque mis ojos no le vean, mi inteligencia no le descubra y mi corazón no le sienta, la razón y la verdad me dicen que está aquí, conmigo, y me guía, y vela por mí. Me orienta en el camino, me mantiene en buen rumbo... No debo vivir la vida solo por el placer de vivirla, ni navegar sin rumbo, solo por el placer de navegar. Así también me divertiré pero no llegaré a ninguna parte, mi vida terminará siendo un aburrimiento con un final inútil, incapaz de continuar por nuevos mundos.