338- DERECHOS HEREDADOS

 

 

Los poderes terrenales nos otorgan unos derechos que ya tenemos, ‘son nuestros’ porque son atributos que el Creador nos ha donado, derechos que ‘tiene que ganárselos uno mismo’, según los políticos y mandamases. Se adjudican el poder de otorgarlos cuando todos los tenemos por herencia de quien nos ha dado la vida.

 

Y esta, la vida, es nuestro primer derecho. Las leyes injustas que ellos han aprobado al son de tambores y trompetas quieren decidir a quienes se la dan y a quienes no; es decir, quien se la ha ganado y quien no, quien ha hecho méritos y quien no..., en vez de prestar la ayuda necesaria para que el desarrollo en el seno materno llegue a feliz término, porque también ese don lo hemos heredado, y es deber de los poderes públicos velar porque esta herencia la reciba su legítimo heredero, y no otro.

 

Porque la solidaridad, la fraternidad y la ayuda mutua son dones humanos adquiridos en herencia divina. Es falso el derecho a no ser molestados por las necesidades y desgracias ajenas, a que el estado protector tenga que cubrir todas nuestras necesidades en vez de actuar subsidiariamente..., despojándonos del precioso don del amor al hermano que sufre.

 

Es intrínseco el derecho humano de atender al necesitado, por encima del de ser atendido, de igual manera que el amor al hermano está por encima del amor a uno mismo.

 

Dicen que este mundo se queda pequeño, que no hay sitio para todos, que sobramos... nosotros, los desheredados que no poseemos el mundo como lo poseen ellos. Han de saber que queremos ¡obstinadamente! que cada uno reciba su herencia, a la que tiene derecho, y que pueda desarrollar los dones recibidos, con dignidad, sin que nadie le quite lo que es suyo.

 

Porque les quitan el amor a que tienen derecho, ya que Dios nos ama a todos por igual. Los desheredados de este mundo necesitan nuestro apoyo, y nosotros queremos dárselo, queremos restituirles lo que se les ha quitado, su dignidad de personas, el trato justo y fraterno, y que puedan mostrar solidaridad con el menos favorecido, con el que pasa hambre y dolor.