336- RECHAZO AL CONFLICTO SISTEMÁTICO

 

 

Siento un rechazo visceral, que no puedo evitar, al conflicto permanente entre seres humanos que considero inteligentes y con ‘restos’ de unos dones originarios de Dios suficientes para que la concordia y la paz se extiendan por nuestra sociedad.

 

Se aferran a sus opiniones y se sumergen en un mundo de discusiones y pareceres contrapuestos que en principio parece positivo, pero en realidad es una disgregación del pensamiento y de las ideas que imposibilita, cada vez mas, la consecución de una sociedad justa y comprensiva por informada y reflexiva.

 

No abunda la mesura, la reflexión de los sucesos que acaecen, más bien la irreflexión y la desmedida. Además, en lo que atañe a su estatus personal son intransigentes, y la falta de opinión contrastada y meditada respecto a lo demás les lleva a una permanente situación de discusión y enfrentamiento que nunca solucionan los graves problemas de nuestra sociedad, ni los de andar por casa ni los complejos asuntos políticos.

 

Pueden pasarse así toda la vida, y de hecho la mayoría eso hacen, no están a gusto en este mundo y creen estar mejor enfrentados porque reafirman su ‘ego’, momentos ‘cumbres’ de su existencia. No aceptan ideas de otros y, si esto hacen se pasan de extremo a extremo, convirtiéndose en fanáticos irreflexivos y, de esta manera, volvemos a la primera situación de reafirmación de uno mismo y de lo propio, por encima de lo demás y ajeno.

 

Así, el conflicto siempre está asegurado, forma parte de sus vidas, es para ellos tan necesario como el aire que respiran. Pero para otros ese aire no tiene oxígeno, no les permite vivir, y de forma mas o menos civilizada son eliminados de la sociedad que los primeros acaparan.

 

No es posible que puedan tener una vida plena, mas les creo en el descontento y la frustración. Pero son tenaces en sus guerras, y los demás no dejan de ser sus víctimas ‘colaterales’, como les gusta denominar para justificarse.