332- SE LE COBRARÁ HASTA EL ÚLTIMO CÉNTIMO

 

 

Leemos en Mateo 18, 21-35 que “quien no perdona de corazón, no será perdonado”. Por otro lado, pedimos en el Padre Nuestro el perdón de una gran deuda porque nosotros hemos perdonado pequeñas deudas. Terribles afirmaciones que nos llevan a la hipocresía cuando las asumimos y de inmediato exigimos nuestro derecho de retorno a quienes nos deben, por encima de sus posibilidades de devolución. Situamos nuestros mezquinos intereses materiales por delante de lo humanamente posible.

 

Así actuamos porque no sabemos sacar nuestro corazón para poder perdonar de corazón, lo tenemos enjaulado, y no perdonamos porque lo material nos hace dependientes y necesitados de ello, estamos ofuscados.

 

Si nos poseemos a nosotros mismos, podemos darnos sin pedir reciprocidad; es lo que hacen los amantes, que siempre reciben, aunque no pidan nada, porque la persona que ama no necesita correspondencia, ama aunque no sea amada, es feliz amando, y se colma su felicidad cuando la persona amada corresponde a ese amor...

 

El prestamista necesita la devolución de lo prestado, con sus intereses, porque no ama a su hermano como Jesús nos ama. Ama el dinero. No se posee a sí mismo porque lleva adosada una carga que le impide ser como Jesús nos enseñó, le impide llegar a Él. Le impide amar.

 

En palabras de Juan Pablo II –Carta a las familias, 2/2/94- “amar significa dar y recibir lo que no se puede comprar ni vender, sino solo regalar libre y recíprocamente”.

 

Todo lo hemos recibido, es reciprocidad que demos sin pedir nada a cambio. De esta forma, seguro, recibiremos mucho mas. No es descabellado que Jesús nos pida perdonar de corazón, siempre, no solo setenta veces siete.

 

“El arte de amar no consiste solo en la generosidad a la hora de dar, sino también en la humildad a la hora de recibir... Si uno no sabe recibir, el otro no puede dar” –Michel Esparza: La autoestima de un cristiano-. No aceptar que uno necesita amor y ayuda, es autosuficiencia orgullosa. Y quien da por pura vanagloria de sentirse superior, ya ha recibido su paga, no necesita correspondencia, sería para él una humillación.

 

Quien no perdona, de igual modo no tendrá perdón y se le cobrará hasta el último céntimo aunque su deuda sea infinita.