330- MI SENSIBILIDAD

 

 

Sospecho que las respuestas habituales de mi sensibilidad no son correctas en un elevado porcentaje, no son, como yo quisiera, las de Jesús o María, mi sensibilidad difiere mucho de las suyas.

 

Mi sensibilidad tiene unas respuestas aprehendidas que no ha controlado mi voluntad decidida de imitar a Jesús en su paso por este mundo. No me he metido en el Evangelio suficientemente como para ir corrigiendo esas reacciones sensibles que me permiten imitarle en mayor medida cada día.

 

Muchas de estas reacciones se han colado en mí en momentos de inmadurez o de embotamiento y han tomado cuerpo, haciendo hábito de algo que no ha pasado por el filtro de mi voluntad.

 

Viendo no veo, oyendo no oigo, mi visión de la realidad está deformada y mis potencias del alma no son capaces de sensibilizarse correctamente. Mis prejuicios lo impiden aunque la obviedad desmonte muchas veces la rigidez del prejuicio.

 

Solo unos ojos que ven y unos oídos que oyen pueden desembotar el corazón. Convicciones inamovibles han sido desmontadas por la realidad, han despertado sensibilidades hasta entonces condicionadas. Nuestra sensibilidad no puede decidir nuestra respuesta, a no ser que el hábito, la repetición, la práctica poniendo en ello los cinco sentidos corporales, la hayan instalado en nuestro conocimiento, entonces nuestra respuesta será acertada.