320- EL LIBERALISMO LAICISTA ES LA SELVA

 

 

El liberalismo laicista es la selva, unos se comen a otros para hacerse más fuertes eliminando al contrario, pues esa es la ley imperante, la del más fuerte, la del más inhumano capitalismo. Genera derrotados, pobres, parados, fracasados...; despilfarra, desperdicia cerebros, desprecia personas valiosas, los hace inútiles, manipula y generaliza la corrupción... Es la ley del tener y del poder más que el otro, del sometimiento del otro.

 

Respiramos un aire de muerte porque de nada sirve, no tiene oxigeno, se lo han quitado los carroñeros de lo ajeno. No se conforman con vivir su vida que es muerte, tienen que envenenarnos la nuestra, tienen que amargarnos la existencia por pura envidia, pues no somos como ellos y... les fastidia...

 

Solo se sirven a si mismos, y a los demás nos quieren serviles... Una buena y diaria ración de humildad, aunque duela, sería el mejor servicio. Por no depender de nadie ni de nada, no quieren admitir nuestra dependencia de otros y de Dios, porque no saben ni quieren saber que esta dependencia nos permite subir a cotas mucho más altas de las que podríamos alcanzar cada uno por si solo.

 

Se sienten ‘satisfechos de si mismos’, de su placentera vida, un deseo –derecho- logrado tras ardua lucha, caminando libres de toda sumisión, libres para creer solo lo que ven y comprenden... Se complacen de esta vida suya sin Dios, sin otra distinta, sin un mas allá. Ni sienten ni padecen, de pronto termina su caminar aquí y... todo ha desaparecido en un instante..., tan frágiles y dependientes somos.

 

Solo cuando los humanos vemos inminente la autodestrucción, incapaces de frenarnos a nosotros mismos, volvemos hacia la religión, hacia la fe en un Ser superior, pidiendo que nos saque de esta situación.

 

Con los pies en el suelo:

 

“la Constitución define una laicidad positiva, cuya clave consiste en tener en cuenta las creencias religiosas de la sociedad y mantener las consiguientes relaciones de cooperación” (Andrés Ollero). Defiende la práctica de la religión como un derecho fundamental: “No tiene sentido que el sistema considere legítimo que la gente ejerza sus derechos pero repruebe el resultado de ejercerlos... Las concepciones religiosas ayudan más que la ley a regular el comportamiento cívico... Las personas aprenden que no hay que matar o robar a través de las instituciones portadoras de estos valores, como la familia o la escuela, mucho antes que en el código penal” (Luis Prieto)

 

El liberalismo laicista asume una serie de valores cuyos logros se atribuye, pretendiendo destruir a sus verdaderos artífices. Considera la fe religiosa como irracional. El mundo necesita despertar de su larga pesadilla de creencia religiosa, dicen; no admiten instancias morales fuera de sus cálculos o experimentos, y así los deseos se transforman en derechos, llegando con ello a la ‘dictadura del relativismo’. Todo parece una huida...

  

Pero... ¿De qué huimos? ¿A qué tenemos miedo? ¿A que las palabras pronunciadas por Jesús hace 2.000 años no sean imaginaciones? ¿A que la aceptación de una verdad limite nuestras libertades?... Nos jugamos demasiado como para dudar.

 

El liberalismo laicista es relativista, solo admite lo que alaba su ‘ego’, lo demás ni existe; por eso no puede haber diálogo, lo ignoran, ignoran otras formas de pensamiento que no sea la suya.

 

Pero, gracias a Dios, este pensamiento muere con uno mismo, no tiene visos de continuidad, sin embargo el amor y la fraternidad sí, nunca muere, permanece y se hace inmortal junto con las personas que lo llevan dentro, en su corazón.