318- EL CIELO

 

 

En un rincón de una iglesia o capilla acompañando al Santísimo, hablando con mi Dios..., ese, es el hogar mas parecido al cielo, es mi mejor hogar...

 

Nadie, salvo Jesús, ha vuelto desde el cielo para contarnos como es ese hogar prometido a los que le aman. Nos creó por amor y nos lo ha preparado desde siempre  para vivir con los que ama y libremente lo deseen, pero... no sabemos como es...

 

Sin embargo, podemos pensar en cómo prepararíamos nosotros un hogar para vivir con la persona que amamos... Pensando en esa maravillosa ilusión terrenal, se nos hace difícil imaginarla siendo Dios el amante que desea nuestro amor, tan difícil de imaginar para los humanos como para una hormiga comprender filosofía cartesiana.

 

¡Como puede ser el cielo! “Ni ojo vio, ni oído oyó, ni pasó a hombre alguno por el pensamiento las cosas que Dios tiene preparadas a aquellos que le aman” (1 Cor 2, 9)

 

Dios busca en la tierra una morada viva, en nosotros, en cada uno de nosotros, en nuestro interior, busca ser nosotros mismos, busca que seamos nosotros Él mismo, busca identificarse con nosotros, y nosotros con Él, busca el cielo en la tierra para que la muerte sea vida que llega a su perfección en el cielo, la morada definitiva.

 

Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo. Allí donde se cumple la voluntad de Dios está el cielo. La tierra se convierte en cielo cuando con la oración intimamos con Dios hasta hacernos Él mismo; “solo quien reza, es decir, quien se encomienda a Dios con amor filial, puede entrar en la vida eterna, que es Dios mismo” (Benedicto XVI).

 

Porque el reino de Dios no son una serie de cosas buenas que van sucediendo, es un estado de perfección1, sin tiempo ni espacio, donde el hombre es Dios mismo, se funde con Él, pleno de satisfacción en un océano de amor infinito.

 

 

1La perfección no existe en nuestro mundo, existía y existe en lo que sale de las manos de Dios, pero cuando es manoseado por los humanos, seres que nos hemos transformado en imperfectos por voluntad propia, se vuelve imperfecto.