315- UNA NUEVA REALIDAD

 

 

La relación de un ser humano con su Creador es una experiencia tremenda, única, personal...; por más que intentemos detallarla por escrito, es imposible transmitirla si no se ha vivido en propia carne.

 

Apalabrar nuestros sentimientos más profundos, más desgarradores, es decir, convertirlos en palabras, se hace tarea imposible para muchos, pues las palabras sabias salen de lo vivido no de lo aprendido. Se puede buscar en un diccionario 'que es una manzana', pero mejor es comerse una y apalabrar la experiencia.

 

Cómo Dios nos seduce y con qué ilusión nos dejamos seducir es, por el mismo motivo, una experiencia imposible de contar para muchos, es un mundo nuevo que solo entiende quien lo ha vivido, y solo tiene esa vivencia quien se sumerge en el océano de la gracia de Dios, quien ante una chispa de la luz de la fe es movido a profundizar en ella saboreando la vida de Jesús, la que se ha transcrito en los Evangelios y nos transmite la Iglesia.

 

Iremos conociendo el Jesús Dios-Hombre, encarnado en este mundo, la única persona que ha vuelto del mas allá y nos ha contado cómo es la Vida en el Amor eterno de Dios, lugar que conoceremos después de la muerte si tenemos esa dicha.

 

Descubriremos un gran tesoro hasta entonces escondido para nosotros y, como los apóstoles al recibir el Espíritu de Dios, comprenderemos una nueva realidad, hablaremos muchas lenguas que llegan a lo más hondo del corazón humano, nuestra vida será otra...

 

¿Como?

 

“La verdadera amistad con Jesús se manifiesta en el modo de vivir: se expresa con la bondad del corazón, con la humildad, con la mansedumbre y la misericordia, con el amor por la justicia y la verdad, con el compromiso sincero y honrado en favor de la paz y la reconciliación. Podríamos decir que este es el ‘carné de identidad’ que nos distingue como sus ‘amigos’ auténticos; es el ‘pasaporte’ que nos permitirá entrar en la vida eterna.” (Benedicto XVI).