314- RELACIONES FRAUDULENTAS

 

 

Vivimos en un mundo de relaciones entre semejantes: de pareja, familiares, profesionales, de amistad...; y en ellas, los humanos sabemos que debe predominas la verdad, que debemos huir de las intenciones retorcidas, pues todos tenemos derecho a la verdad sin fisuras para llegar al ansiado bienestar físico, psicológico y espiritual.

 

Donde no existe la verdad aparece el fraude, y con ello las esperanzas defraudadas de una felicidad imposible.

 

Es la sinceridad esencia de toda buena relación, nuestros hechos acordes con nuestros pensamientos. El deseo de que así sea nos hace más humanos, pero cuando nuestras relaciones son torticeras, es decir, nuestras intenciones van por un lado y nuestros hechos por otro, la desconfianza que genera nos hace inhumanos con los que nos rodean.

 

Nuestra vida es única y debe reflejar lo que somos, sin artimañas, sin querer ser mas que otros, sin querer ocultar nuestra verdadera intención, con la libertad de la no dependencia (dinero, placer, poder...) y del desapego..., pues, “La verdad os hará libres” (Jn 8, 32) y quien admite el error pierde su libertad.

 

Son fraudulentas las relaciones que no se basan en la verdad, nos llevan al desengaño, a la frustración, son injustas, porque nuestro ser ha sido creado para el bien que emana de la justicia de Dios con los humanos.

 

No es de recibo la desconfianza que anula la natural confianza entre nosotros... ¡No me fío de ti!, es una frase perversa de la que no se puede volver sin estar convencido de que merece la pena dejarse engañar antes que desconfiar...; ¿y si te dan en una mejilla?... Triunfaremos ante Dios si ponemos la otra...