313- UN CATÓLICO DE A PIE CONVENCIDO

 

 

Cuando llegas a la convicción de que la fe es lo más importante de tu vida, de que ha llegado al Nº 1 de tus prioridades, algo se transforma en nuestro interior, algo que simplifica enormemente la existencia terrena, algo que te da hambre de profundizar, de adquirir formación y ahondar en el conocimiento de la vida de Jesús. Has descubierto el latir de tu corazón al unísono con el suyo y... todo te parece poco.

 

Te sorprenden las palabras del sacerdote durante la santa misa, las meditas, lees y profundizas en los textos sagrados como si acabaras de descubrirlos, notas con mayor relieve la acción de Dios en nuestro mundo, te haces mas generoso y valoras especialmente la ayuda y el compromiso fraternal con los demás, te vuelves mas colaborador, mas disponible, tus cosas pasan a segundo término, pierden importancia, valoras el tiempo porque te brinda ocasiones de encuentros con Dios.

 

Es un momento en nuestra vida que nunca olvidamos, una luz especial de Dios como premio a nuestra constancia. Quien llega a esta fase difícilmente vuelve atrás, va ampliando su horizonte vital de tal manera que no podría vivir sin la fe que le mueve y da vida. Dicho de otro modo, no podría vivir lejos de la fuente de la vida, no sería vida.

 

Te vuelves luchador contra los propios defectos humanos, porque encuentras en la vida de Jesús un sinnúmero de detalles de auténtico amor humano, que se pueden imitar, pues Dios vive entre nosotros, como uno de nosotros, es un espejo perfecto donde mirarnos.

 

Pero... el espejo refleja otra imagen... a años luz de la de Jesús...; Dios valora el esfuerzo, no el éxito, y eso nos anima a seguir. ¿Que hubieran hecho Pedro y Santiago, y Agustín, y Francisco...? Nada sin esa lucha constante contra sus propias flaquezas.

 

Un católico de a pie convencido de su fe, vive en sus miembros la vida de Jesús, que no fue camino de rosas, y terminó cosido a un madero. Buscando la fuerza de la oración camina por el mundo como uno mas, pero transmitiendo paz, comprensión y amor al Creador y las criaturas.

 

Un católico de a pie convencido de su camino, ve a Jesús encarnado en la gente que sufre porque no encuentran una mano amiga que le alivie el peso de vivir sin esperanza.

 

Un católico de a pie cabal sale de su propio yo y se sumerge en el tú.