311- NOS QUEDAMOS CORTOS

 

 

El único obstáculo para participar en la gloria de Dios, prometida para los que le aman, es no querer entrar en ella. Nos quedamos con la gloria de este mundo –mas vale pájaro en mano..., dicen los incrédulos-, la que tenemos y por ella luchamos aunque la veamos efímera.

 

Creemos poder solucionar los problemas de aquí con solo nuestras fuerzas, y la historia demuestra que no es así, que siempre hemos acudido a Dios cuando no sabíamos que hacer, cuando comenzaban a temblar nuestras piernas, a castañearnos los dientes...

 

Somos así, chulitos hasta que alguien nos pone en el sitio, incultos –con perdón-, mal que nos pese, una incultura proveniente del exceso de ruido informativo, que aturde, parece que llena pero nos deja vacíos.

 

No admitimos que nadie nos diga lo que tenemos que hacer, aunque vayamos abocados al desastre. Ni siquiera soportamos un consejo respetuoso con nuestra libertad de decisión, lo rechazamos por ‘inmiscuirse en nuestros asuntos’; en el fondo Dios nos molesta, la Ley Natural también y así como lo primero es aceptado por Dios, lo segundo no es aceptado por la propia naturaleza.

 

La Ley Natural es “la única que nos permite tener sociedades armónicas y con capacidad de generar progreso y bienestar” (Josep Miró i Ardèvol); la única que deja en evidencia todas las ideologías deformadoras de la esencia del ser humano; la única que preserva la fraternidad humana contra excesos liberalistas, absolutistas, laicistas, consumistas, depredadores de todo lo creado.

 

Nuestro bienestar es falso, falso de concepto y falso en el reparto. Nos hemos quedado cortos porque despreciando el orden natural proveniente de una inteligencia superior, imponemos nuestro orden y no somos capaces de instalar ni la justicia ni el bien común en esta sociedad, el bien de todos sin distinciones en el reparto, ni siquiera un mínimo respeto a los derechos humanos... Para que seguir.

 

Nos falta fe en esa inteligencia creadora del orden natural, en su revelación a través de lo visible e invisible, en su palabra audible a nuestros oídos, en su persona visible a los ojos de la fe... Para los que creen, todo lo hizo nuevo.

 

Nos quedamos cortos en nuestras aspiraciones, seguimos metidos en el túnel por no querer admitir que existe el mundo exterior..., nos falta el empuje de los inconformistas, porque apenas podemos alargar la vida pero sí podemos ensancharla.