302- LA AUSTERIDAD SÍ GENERA FELICIDAD

 

 

Hagamos una apuesta: ¿Sale mejor comido de un restaurante quien elige su menú entre 300 platos de una carta, todos ellos aparentemente ‘suculentos’?

 

Sinceramente, opino que no.

 

Me da mas confianza escuchar a la camarera leyendo sus notas...”hoy tenemos en la cocina una paella en su punto y unas estupendas lentejas bien acompañadas; de segundo chicharro fresco al horno –lo de fresco sobra porque se supone- y unos ricos jarretes de cordero...”. También los restaurantes que sacan lo que tienen sin previo aviso, con garantía de estar bueno, porque si no, no te sacarían... En estos sitios, palabra, siempre salgo bien comido.

 

De alguna manera nuestra ‘infelicidad’ está relacionada con una mayor capacidad de elección. Tenemos que elegir entre muchas cosas que parecen atractivas..., ¡qué dilema! En realidad no sé cual me vendría mejor en este momento, y quien lo sabe no me facilita la cuestión de elegir, no me pone con claridad en el envoltorio ‘esto es lo mejor para usted’, lo pone de forma disimulada para permitir pujar a los demás en mi elección, de esta manera hay chance, todos los fabricantes de ‘cosas’ sobreviven.

 

Esta actitud nos transforma en ‘insatisfechos crónicos’. Si elegimos uno entre mil, renunciamos a novecientos noventa y nueve posibles, entre los cuales damos por seguro que está lo que buscamos. ¡Que horror! ¡El fracaso es seguro!, o, dicho de otra manera, las posibilidades de acierto son mínimas.

 

De niño acompañaba a mi madre al mercado, conocía a todas las aldeanas que mostraban sus productos... ¿Que tienes hoy? Poca cosa había pero suficiente y en el mejor momento de maduración. No hacía falta más, en época de castañas, castañas, y buenas que estaban.

 

La felicidad no está ligada a la abundancia, si se tiene lo necesario, porque lo realmente necesario es bien poca cosa, para qué mas, el exceso crea insatisfacción...; si  no lo tienes lo deseas por inseguridad y miedo a una posible escasez. Si lo tienes, temes perderlo y sufrir esa necesidad en un futuro. Siempre ansiedad, provocada por una supuesta necesidad futura de asegurar nuestra existencia material.

 

Solo el egoísmo de mirar para nosotros mismos nos hace infelices. Pensemos en poblados tercermundistas que nos muestran las televisiones y..., vemos personas que parecen felices..., no comprendemos -sin llegar al extremo de los pobres más pobres de las Hermanas de la Caridad de la Madre Teresa- con una sonrisa permanente en medio de muchos sufrimientos.

 

La austeridad no es un problema, es una necesidad, y no solamente a nivel de ascética personal sino a nivel social. La austeridad en el uso de las cosas materiales es un don, cuando lo vivimos posibilitamos que otros puedan vivirlo también en favor de los desfavorecidos. Si no lo vivimos a fondo, hacemos imposible que los que carecen de todo por nuestro egoísmo puedan ayudar a sus hermanos, dificultamos la fraternidad entre los humanos, la justicia se convierte en una burla y la paz se tambalea.

 

Lo que sí es un problema mundial es el despilfarro, estamos sufriendo sus consecuencias y siempre se ha hecho oídos sordos a la doctrina de la Iglesia cuando insiste en que el despilfarro de bienes de primera necesidad es un insulto a Dios, que ha puesto los medios en nuestras manos para que seamos buenos administradores, justos y sin discriminación en un mundo globalizado.

 

El despilfarro es la mayor de las insolidaridades, no solo consumimos más de lo que necesitamos, además tiramos lo que nos sobra o ‘no nos apetece’ consumir en ese momento porque estamos ‘atiborrados’, sin importarnos que otros lo necesiten para vivir. Despilfarrando generamos detritus que contaminan y pululan por todos los sitios, vamos hacia un mundo de desechos y un espacio lleno de basura ¿Como vivirán nuestros descendientes?, tendrán que barrer a fondo nuestro planeta y... ¡se acordarán de nosotros!

 

¿Como se evita el despilfarro? Compartiendo, así, sencillamente, compartiendo lo que tenemos, sea mucho o poco, porque el espíritu de compartir supera toda previsión, como en el milagro de ‘los panes y los peces’. Cuando das, todo llega, nadie se queda con hambre. Compartiendo hay para todos, acaparando y sobreexplotando, no.

 

 

Nos pides un cambio radical en nuestra alma

porque sabes que podemos darlo,

que somos capaces.

 

Nos dices con claridad que ¡no hay otro camino!,

o vivimos como ¡Pueblo de Dios!

o morimos en el amor exclusivamente a nosotros mismos,

y a los demás cuando egoístamente nos interesan.

 

Todo lo que somos y tenemos lo hemos recibido gratuitamente,

si no damos, no recibiremos mas

y si damos y compartimos recibiremos mucho más.

 

 

Esta es tu justicia, Señor. Yo... aquí lo expreso para ir entendiendo...