300- LA FE DE UN CATÓLICO DE A PIE

 

 

“Detrás de cada objeto existe un relato que espera ser contado”, me decía un artista pintor de bodegones, paisajes..., naturaleza muerta –mal llamada-, naturaleza viva. Bien viva está toda ella por lo mucho que nos dice, por las muchas historias que nos puede contar y otras mas que nosotros añadimos cuando usamos esta naturaleza creada.

 

Hablan las piedras, los árboles, la luna, habla el perrillo que nos mira, el niño que juega y... nos sonríe, el anciano... que solo mira... Todo y todos hablan de Dios. Nuestros oídos no escuchan esas vibraciones, no pueden, son extremadamente limitados, solo perciben ondas sonoras.

 

La creación transmite mensajes y rebosa en ello, los humanos solo captamos apenas una insignificancia, incluso agudizando otros sentidos que tenemos, no pasa de ser ínfima. Los ojos solo perciben una pequeñísima parte -luz visible- de lo que transporta un fotón. El olfato y el gusto de nuestras papilas nos guían, como el bastón a una persona ciega. Con nuestras manos acariciamos, quizás este sea el sentido mas sensible, el de más capacidad de percepción.  

 

Envolvemos las tibias manos de un anciano entre las nuestras,

¡Que sensaciones!

La aterciopelada piel de un bebé...,

Las caricias de los enamorados,

Las caricias de quien cuida un enfermo,

Las caricias de una madre a sus hijos necesitados...

 

Nuestra inteligencia solo es capaz de elaborar lo que recibe de nuestros sentidos..., poca cosa, y si no lo comprende, menos aun.

 

Vivimos a tientas cuando pensamos que yo soy mi inteligencia, mis sentidos..., por eso muchas veces somos dominados por los instintos, que suplen la falta de información.

 

Con este escaso bagaje vital ¿que ocurriría en nosotros si algún día nos contasen la realidad del mundo creado?... No me lo imagino. Infinitos relatos de un Ser que de ‘nada’ ha creado ‘todo’ lo que captamos, infinitamente mas de lo que vemos, oímos, sentimos y razonamos.

 

Gracias al Dios que habita en mí, sé que mi inteligencia y mis sentidos son una parte pequeña de mí; mucho más hay venido de fuera, haciendo que mi yo se acerque a la hermosa realidad de nuestra existencia.

 

La obra de arte habla del Artista, de su autor. Si apenas miramos lo poco que vemos, ni lo entendemos, ni percibimos detalles..., su autor quedaría devaluado, tendríamos una nimia imagen suya, del Creador de la belleza, la armonía, el placer, la sabiduría, el amor...; si no le conocemos ni siquiera podría llegar a sorprendernos...

 

Hay otro sentido que Jesús denomina “interpretar los signos de los tiempos”, sentido que, dada la cantidad de variables que maneja, es mucho mas perfecto que los descritos. Por el mismo motivo, más difícil de interpretar; así, los racionalistas lo descartan como sentido:

 

La presencia de Dios en las realidades más o menos cotidianas, a escala personal o planetaria, con sucesos que no ocurren casualmente, donde podemos ver algo providencial en ellos..., signos que dejan preguntas y en la búsqueda de la respuesta descubrimos a Dios..., presencia ‘palpable’, porque... hace justicia, fortalece el amor, la solidaridad, trae paz interior, aceptación confiada de la verdad, una fe esperanzada, real, en un Ser excepcional.

 

Una fe que arrastra por las muchas veces que Dios ha reconducido nuestra historia fuera de la autodestrucción, con el simple método de ahogar el mal en la abundancia del bien sembrado en los corazones de la gente humilde, que no son nadie ni pintan nada para los poderosos.

 

El pobre, visto desde la vía inesperada de la escucha obediente, de lo sencillo, lo débil, lo humano, lo pequeño..., sembrador de alegría, de paz, de concordia..., sabio entre los sabios por su capacidad de interpretar los ‘signos de los tiempos’, generador de lugares de encuentro entre los humanos, capaz de redimir este mundo egoísta, hedonista y soberbio, no necesitado del materialismo asfixiante, solo... de lo poco que hace falta para la supervivencia y realización digna de un Hijo de Dios.

 

La fe de un católico de a pie, le enseña a mirar con profundidad lo más íntimo de la realidad para saber reconocer lo esencial, a mirar la existencia humana detectando la presencia de energía divina en su evolución. Allí, en nuestras culturas se hace Dios cercano al hombre y más en nuestra cultura actual, acelerada de manera exponencial por la globalización, la comunicación a todos los niveles y lugares, la información instantánea... Se podría decir que vivimos como en una pequeña aldea.

 

Y... hoy día, en esta ‘pequeña aldea’, ¿es aceptable que yo coma en exceso y con gula cuando veo que otros no disponen del mínimo alimento para sobrevivir?, ¿podemos convivir así en paz y armonía?... No, y una persona de bien, comería, vestiría y viviría con lo justo mientras otros no tengan lo necesario.

 

Una persona de bien sabe que lo decadente desaparece fagocitado por su propia deformidad, que lo bueno es bello y simple y que la ‘sociedad del bienestar’ no es real mientras unos la logren a costa de otros, mientras se actúe contra natura por satisfacer simples caprichos, mientras se destruya y contamine lo que tiene vida y es puro...

 

El ‘paria’ de nuestra sociedad economicista es un ‘signo de nuestros tiempos’ que ‘hace clamar’ a la creación entera... Se cumplen los peores designios porque unos viven de los despojos del de al lado, del pobre, oprimido, del que busca paz y no se le permite, porque tiene que rendir para el carroñero...

 

La fe me dice que se hará justicia.

 

Pero..., mientras la verdad y la justicia no sean un valor absoluto, y los derechos humanos sean mutilados continuamente, las democracias seguirán siendo palabrería para progreso de los “listos” y no de los mejores, y esa justicia no será posible en este mundo.

 

Los tiempos actuales ‘hablan’ de lo que está por ocurrir, no acabarán nunca nuestras peleas mientras sigamos con la ley de la selva en nuestro circo. Dios pone cordura y las cosas en su sitio, y sus promesas siempre se cumplen, se están cumpliendo. La fe nos dice que la esperanza es cierta.