276 - NUESTRA MIRADA

 

 

... es la entrañable mirada de Jesús

 

Jesús, Dios encarnado, Hombre como nosotros, caminaba por las tierras de Galilea contemplando la vida con sus ojos humanos; trabajaba en Nazaret con sus propias manos, discípulo aplicado del maestro artesano José, su padre; hablaba con unos y otros en compañía de su Madre camino de la fuente, del mercado, del huerto familiar..., no es difícil imaginar la humanidad de Jesús... uno de tantos. Por eso se llamaba a sí mismo ‘Hijo del Hombre’.

 

¡Su mirada!... Nos vemos iluminados por miradas de personas que estimamos: dulces, claras, alegres, sinceras, inocentes..., pero si además esa persona es perfecto Dios y perfecto Hombre, me pregunto ¿como habrán sido las miradas de Jesús en momentos peculiares por entrañables, cargados de sencilla y divina humanidad, que nos describen los Evangelistas?...

 

Dicen que el cuerpo es la parte visible del alma, y la cara, el espejo donde se refleja su figura, su máximas expresión. La mirada es el lenguaje que el alma utiliza, mucho más rico que cualquier lenguaje hablado o escrito, más profundo, más verdadero.

 

Además, la mirada humana tiene una peculiaridad: va artísticamente enmarcada en la sonrisa.

 

Mirar es ‘acercarse al otro desde el interior de uno’, y si mi interior está confuso por exceso de ‘cosas inútiles’, mi mirada no es limpia, no puede corresponder a la de Jesús. En realidad, cuando los ojos miran, lo hacen desde dentro de uno mismo hacia el interior del otro y adquieren mucha expresividad cuando se ha captado ese fondo.

 

La mirada superficial no sabe contemplar, no capta nada. Se puede mirar un cuadro y no ver nada más que pinceladas. Se puede vivir la vida sin ver nada por no saber mirarla...: ¿para que sirve una flor?... Por contra, puede uno dar el mundo entero porque lo lleva dentro, sabe contemplarlo con todos sus matices.

 

¿Que expresa Jesús con su mirar cuando nos conoce tanto..., a cada uno...?

 

Estoy plenamente convencido de lo que quiere decir san Juan 21, 25. Por mucho que uno hable y escriba, se podría, a lo sumo, llenar una biblioteca con sus libros. Jesús nos ha transmitido mucho más que eso ¿Como? Con su forma expresiva de hablar, de mirar al interior de cada uno, su estilo de vida en la tierra de sus padres, su forma de morir cargado de todas las maldades y bajezas humanas, con su resurrección, venciendo a la muerte... De manera muy didáctica nos dejó una síntesis del significado de la Redención camino de Emaus antes de ascender a los Cielos.

 

Pero, sobretodo, con su forma de mirar sin palabras que distraigan el mensaje...

 

Solo descubriremos ese mirar si tenemos la dicha de llegar al lugar donde Jesús habita con el Padre desde la eternidad, pero desde hace 2000 años con un mirar humano surgido de las carnes de María.

 

Mirada dulce, otras veces severa, siempre mirada clara, directa, llena de bondad, de comprensión y ánimo, mirada que reclama correspondencia, que infunde seguridad y paz interior.

 

No se precisa más para estar con Jesús: sentir cómo su mirada nos dice todo, nos llena del todo, no necesitamos ninguna otra cosa en nuestra alma, no cabría, porque nada mas hace falta, solo una mirada suya...

 

¿Entonces?, si nada me falta pues todo lo tengo, ¿Por qué vivo agobiado?... Quizás no dejo que su mirada me llene del todo, reservo rincones a otras miradas sin vida..., caprichos..., fantasías..., mezquindades...

 

He revivido una historia que tengo muy metida en mi alma. Por los caminos de Galilea, Judea y el Jordán, esa historia se hace muy humana. Porque es una historia humana, de pasiones, dolor, trabajo, historia de amor, de tragedias, de injusticias y traiciones. Tierna, sencilla y con un intenso perfume divino, porque el mismo Dios es su protagonista.

 

Por eso busco la mirada humana de Jesús, mirada del Hombre Dios, que no quiso dejar de sufrir ni una de nuestras tragedias, de nuestras intransigencias a la Verdad que Él portaba, de la que era y es reflejo fiel.

 

Estas imágenes de un mundo nuestro que Jesús quiso vivir, me han acercado a su imponente humanidad.

 

 

Tierras de Galilea, cerca de Nazaret, tantas veces contempladas por Jesús, tan grabadas en su retina.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Mar de Galilea junto a Cafarnaun, lugar de residencia de Jesús en los años de vida pública. Muchos momentos entrañables con sus discípulos vividos en estas orillas: el anuncio del Reino de Dios, predicaciones desde la barca, multiplicación de los panes, días bajo el sol y noches bajo las estrellas con sus discípulos, “...muchachos ¿tenéis algo para comer?..., ¡Pedro! ¿Me quieres mas que estos?...” y tantos y tantos momentos... Pero, sobretodo, muchas horas de madrugada en oración a solas con el Padre por estos alrededores de Cafarnaun.

 

 

Tierras bañadas por el río Jordán, camino habitual hacia Jerusalén, con lugares de tantos encuentros.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Oasis de Jericó, cerca del Mar sin vida, donde el camino se desvía del Jordan hacia Jerusalén.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tierras de Judea y Samaria, calurosas, áridas y pedregosas, con aldeas donde Jesús encontraba reposo como Betánia. Situada a cuatro kilómetros de Jerusalén, una vez finalizada la terrible subida desde Jericó -1050 m. de desnivel por montañas desérticas y pedregosas-..., descansaba con sus amigos Lázaro, Marta y María en el frescor del jardín de la casa.

 

 

Desde aquí Jesús lloró sobre Jerusalén, 2000 años atrás..., lágrimas en los ojos, destrucciones, ocupaciones, profanaciones sacrílegas, desprecios, odios, muertes. Todo se ha cumplido.

 

 

 

 

 

 

Quisiera mirar con tu mirada, Señor.

Como has mirado a la Samaritana Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: ‘Dame de beber’..." (Jn 3,7).

Como has mirado a la mujer adultera "...Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante." (Jn 8,11).

 

Miradas de amor profundo y verdadero en tus ojos, que tanto han cautivado y tantas barreras han derribado.

Una mirada al corazón de la persona, mirada portadora de toda tu bondad, sabiduría y amor.

 

Como la del joven rico Jesús lo miró con amor y le dijo: Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme". (Mc 10,21).

La mirada al ciego de nacimiento...

A los leprosos…

Las que has dirigido a las mujeres angustiadas por tus sufrimientos... mirada de una faz desfigurada... “no lloréis por mi...”

 

Cuantas miradas a una Madre describen los Evangelistas, una Madre que intuye los misterios de la Redención..., y se le rompe el alma.

 

Miradas confortantes, buscando alivio para pruebas tan duras.


La mirada a Pedro antes que cantase el gallo..., transformado desde ese momento en fortaleza de la Iglesia.

¡Cómo le mirarías a Mateo!, para que dejando toda la recaudación sobre la mesa te siguiera sin titubear.

¡Y a Natanael!...

 

Tu mirada con lágrimas de tristeza por Jerusalén, destino trágico del descreimiento orgulloso... que no ha sabido acogerte porque se ha cerrado a tu Mensaje de Salvación.

 

Miradas de ternura y acogimiento hacia el pecador arrepentido, mirada fulminante hacia el perverso obstinado, hacia el injusto engreído y despiadado con los mas pobres...

 

La mirada directa no miente, solo la mirada esquiva es engañosa, y tu, Señor, siempre has mirado de frente, incluso a tus verdugos, a los que te acusaban, a los que te abofeteaban, a los que te clavaban al madero mientras implorabas al Padre su perdón.

 

Desde la cruz, si el terrible sufrimiento y debilidad lo hubieran permitido, habrías mirado con ternura a Dimas...

 

Pedro, vio traspasada su alma cuando, mirándole fijamente, le preguntaste por tercera vez “¿me amas más que estos?”. Necesitabas confirmar la fortaleza de su corazón enamorado y arrepentido.

 

¡Que miradas a la multitud! absorta escuchándote con hambre de verdad. Conocías a cada uno y con tu mirada abarcabas a todos, pues les tenías mirándote fijamente, embelesados, sorbiendo cada una de tus palabras.

 

Mirada de amor inundado en lágrimas por el amigo muerto, por Lázaro, cuando te presentaste en Betania, tu corazón no resistió más y se desató el poder sobre la muerte.

 

¿Como sería tu faz?

 

Solo nos queda el sorprendente regalo que nos has dejado impreso en la Sábana Santa. Voy a analizarlo:

 

Imagen en negativo de Jesús impresa en la Sábana Santa

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Interpretación del rostro de la Sábana Santa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Interpretación de la misma imagen sin las tensiones y señales del suplicio. Una mirada serena.

 

 

  

Otra interpretación del rostro de Jesús según la Sábana Santa. Otra mirada, algo triste y serena, que pide comprensión.

 

Señor, tu habitas en el alma de los que amas y te corresponden, tu alimentas su espíritu y, porque lo esencial es invisible a los ojos humanos, tu les das visión para que sean tú mismo, para que tengan tu mirada, y podamos contemplarte en ellos, en los que amas: los que sufren, los pobres, enfermos, humildes, perseguidos por tu causa..., en cada uno de los que te son fieles.

 

Deseamos de corazón ver por sus ojos, porque transmiten con su mirada la hondura del amor que nos tienes..., contagiarnos con la maravilla de formar parte de tus elegidos, aquí en este mundo y para siempre... sin final...

 

 

 

Junio 2.010