208 - lucha contra la tiranía
 

Siento en mis carnes la debilidad física y psicológica que lastran el avance hacia lo espiritual, me atan al suelo, me vapulean en momentos de cierta euforia cuando Dios me trae paz y estabilidad. No debo descuidarme, y el remedio es el orden, la confianza que da el haber elegido el mejor camino, el único: la búsqueda de Dios, desearle, encontrarle, al Dios verdadero, no a otros dioses que abundan como abundante es la codicia.

 

Pongo todo el empeño en allanar obstáculos, pero la carne es débil, reclama sus placeres, y la mente imaginativa lo enreda más.

 

En un mundo dominado por la satisfacción sin trabas, al consumo de volátiles sucedáneos virtuales le llaman felicidad, autorrealización. Hemos llegado a una sociedad ávida de fantasías en un mundo irreal por interesado.

 

Nos apartamos de la realidad, que se palpa y se percibe auténtica cuando vemos sus mecanismos y detrás intuimos el porqué de la vida, intuimos al Creador de todo. Un mundo al servicio del ser humano inteligente con su orden y sus leyes. Pero es un mundo que no interesa a los creadores de fantasías que esclavizan y entretienen a la masa, ‘pan y circo’ pero sin pan. Generan hambre de lo vital, ansias de lo superfluo, consumo compulsivo y alienamiento moral.

 

La nueva esclavitud, es más dura y sutil que la de los ‘negreros’ porque, desconectan todos los hilos de unión con la dignidad humana que está en la Verdad. Cosas anticuadas, dicen, nuestro mundo es nuestro, lo hemos conseguido a pulso, somos sus creadores y sus dueños… Creadores de riqueza, del dios dinero que todo lo da: poder, satisfacciones sin límite a nuestro ‘ego’, sumisión servil de los demás… mundo decadente, flor de un día. ¿A quien importa?

 

¡A nosotros!, que intentamos tener los pies en el suelo y… nos sacan de nuestras casillas con sus interferencias en nuestras casas, en nuestros bolsillos, en nuestra forma de vivir o al menos intentar vivir con sentido, porque… vulgarizan el misterio simplemente eliminándolo, trivializar lo sagrado, ridiculizan la honestidad y se ríen de la verdad porque la manipulan a su antojo, para sus fines. Y lo que es peor, preconizan a los cuatro vientos con sus potentes medios esta nueva doctrina, dan la vuelta a las leyes y nos las hacen cumplir, gustemos o no.

 

No cambiarán mis gustos, pero ello me cuesta. Para empezar, mis instintos que se revelan ante tanto fuego de artificio y no logro que miren para otro lado, tampoco quiero aislarme de este maremagno, pues estando dentro podré torearlo mejor y echarle una mano a alguien que estoy seguro, es de agradecer.

 

La sociedad cambia en un ir y venir como las olas del mar, no nos tienen que coger esos cambios con el pie cruzado. Lo bueno es lo que dura y lo que dura se hace eterno porque es bueno y procede de Dios -que es Bueno y Eterno-, y para colmo de nuestra felicidad, quiere que seamos dignos merecedores de llamarnos Hijos suyos con nuestro tesón y nuestra lucha constante, lidiando en medio de toda esta tiranía obcecada y estéril.