206 - ¿qué es la verdad?
 

Inimaginables los sentimientos de Jesús -Verdad personificada “yo soy la verdad…”- ante esta frase de Pilatos llena de escepticismo. ¡Y se fue Pilatos sin esperar respuesta!

 

Según el pensamiento clásico, la verdad es lo que permanece -lo cambiante es aparente-, lo inmutable, lo que siempre es de la misma manera, lo realmente real, lo que más merece ‘ser’. Santo Tomás de Aquino dice que ‘verdad’ y ‘ser’ se equiparan. Pero todo lo que no se presenta a la conciencia con una ‘certeza absoluta’, es rechazado como verdad por los racionalistas, y así se descarta casi todo el conocimiento humano.

 

¿Como conocer a Dios que es la verdad?

 

¿Podemos conocer la verdad por sus frutos?

 

- Un mundo perfecto para una vida, regalo de Dios.

 

- Un corazón que siente y palpita con el bien, la bondad, el amor…

 

- El bien conviviendo con el mal en este mundo, resistiendo sus ataques, no sin heridas, que dejan huella pero cicatrizan.

 

- Los continuos milagros de una naturaleza reflejo del Gran Artista Creador de Belleza.

 

- Lo discreto, sencillo y humilde, mucho mas sublime que lo espectacular.

 

- El Gran Padre Dios oculto en la intimidad de nuestros corazones, en permanente manifestación por mediación nuestra, cuando el mundo pide grandes y espectaculares manifestaciones que nunca tendrá, solo al final de los tiempos apocalípticos.

 

- La Santa Iglesia fundada por Cristo Jesús, formada por personas imperfectas, pero navegando en todos los mares con plena confianza en su Patrón, constituye el testimonio mas visible del poder de Dios, su obra cumbre que a nadie deja indiferente, el fruto mas preciado.

 

 Frutos de paz en libertad, de amor, de ternura, de fe en la promesa de un mundo sin mal. Por este camino nos aproximamos a la verdad, aunque no la encontremos con toda la diafanidad y certeza que deseamos.

 

 - La verdad está en el bien que hacemos, sin pedir nada a cambio, pasando desapercibidos, porque así está impreso en nuestro corazón y secundamos la obra creadora.

 

 Pero... "no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero y repugna mi espíritu" se lamenta San Pablo. El mal esta ahí, desvirtuando la verdad, volviéndola confusa. Por eso los filósofos no se ponen de acuerdo a la hora de buscar la verdad, no se ponen de acuerdo en qué es lo que buscan; lo hacen de forma parcial, la buscan en nuestra mente, en las cosas que vemos, tocamos y olemos, y... por ahí no está, porque se buscan las cosas, no lo que ellas nos dicen: "lo invisible de Dios... se ha hecho visible desde la creación del mundo, a través de las cosas creadas" (Rom 1, 20).

 

- Es más verdadera la sonrisa de una persona que sufre, que todos los razonamientos de nuestro ingenioso intelecto.

 

- Es más verdadera la voluntad recia de superar un obstáculo, que el obstáculo en sí. A veces las altas montañas se diluyen bajo nuestros pies.

 

- Es más verdadero un soplo de bondad envolviendo nuestro corazón, que todo el mal de este mundo. La bondad es eterna, el mal desaparecerá a no mucho tardar.

  

¿Cual es la auténtica verdad?: la que va en sintonía con el mundo creado, el mundo visible a nuestros ojos de la carne y el visible a los del espíritu, todo el, en una unidad que el Gran Artista ha querido conferir. La verdad está en buscar el Rostro de Dios en su Obra Creadora, en encontrarle, en seguir sus pasos.

 

- La verdad está en la inocencia de los niños, de los que Jesús dijo "de ellos es el Reino de los Cielos", lo que equivale a decir que ellos están en la verdad.

 

 El relativismo no consigue ver el cuadro entero, solo ve un fragmento y a veces se hace imposible la comprensión del resto del cuadro desde solo ese fragmento. ¿Qué tiene que ver una pincelada suelta con el latir del corazón de su autor plasmada magistralmente en el lienzo?

 

Por eso se busca la verdad de este mundo con una fuerte dosis de subjetivismo que la invalida y la reduce a… una simple pincelada de un color… engañoso, pero adecuado a nuestro confuso intelecto.

 

Si alguna vez buscamos la verdad, despojados de todo, de todas nuestras vergüenzas, desnudos con la inocencia de un niño y el corazón abierto, estoy seguro que la encontraremos plasmada en cada una de las cosas más simples de nuestra vida, donde está Dios mismo.